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Última actualización web: 21/05/2022

Salud mental, prevención y educación.

Autor/autores: Mª Carmen Aguilar Ramos
Fecha Publicación: 01/03/2007
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Salud mental, prevención y educación, tres palabras claves para tomar conciencia de la situación en la que vive nuestra sociedad, cada vez más neurotizada, por no alcanzar las metas que exigen la realidad social y responder a los estereotipos propuestos por el consumismo. Muchas son las personas que sufren algún tipo de trastorno relacionado con el campo de la salud mental. Ámbito, por otra parte, cargado de creencias erróneas, y de miedos, por parte de la población, en general.

Esta situación demanda una sensibilización y una concienciación, en el que la educación juega un papel importante. El presente trabajo aborda, estrategias de actuación educativa dirigidas a prevenir situaciones de estrés y depresión, a través de un mayor conocimiento de sí mismo, tanto de las capacidades y posibilidades, como de las limitaciones. Es fruto de la revisión de las teorías interaccionitas del concepto de sí mismo, y del estudio empírico del citado concepto de sí mismo.

Palabras clave: Afectiva y social, Concepto de sí mismo, Educación, Interacción, Percepción cognitiva, Prevención

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Salud mental, prevención y educación.

Mª Carmen Aguilar Ramos.

Departamento Métodos de Investigación e Innovación Educativa
Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Málaga

PALABRAS CLAVE: Concepto de sí mismo, percepción cognitiva, afectiva y social, interacción, prevención, Educación.

(KEYWORDS: Self concept, Cognitive, Emotional and social perception, Interaction, Prevention, Education. )

Resumen

Salud mental, prevención y educación, tres palabras claves para tomar conciencia de la situación en la que vive nuestra sociedad, cada vez más neurotizada, por no alcanzar las metas que exigen la realidad social y responder a los estereotipos propuestos por el consumismo. Muchas son las personas que sufren algún tipo de trastorno relacionado con el campo de la salud mental. Ámbito, por otra parte, cargado de creencias erróneas, y de miedos, por parte de la población, en general. Esta situación demanda una sensibilización y una concienciación, en el que la educación juega un papel importante. El presente trabajo aborda, estrategias de actuación educativa dirigidas a prevenir situaciones de estrés y depresión, a través de un mayor conocimiento de sí mismo, tanto de las capacidades y posibilidades, como de las limitaciones. Es fruto de la revisión de las teorías interaccionitas del concepto de sí mismo, y del estudio empírico del citado concepto de sí mismo.

Abstract

Mental health, prevention and education, three key words to become aware from the situation in which our society lives, every neurotic disorder time more, not to reach the goals that demand the social reality and to respond to the stereotypes proposed by the consumption. Many are the people who undergo some type of upheaval related to the field of the mental health. Scope, on the other hand, loaded of erroneous beliefs, and fear, on the part of the population, in general. This situation demands a sensitized and an awareness, in which the education plays an important role. The present work approaches, strategies of educative performance directed to prevent situations with stress and depression, through a greater knowledge of itself, as much of the capacities and possibilities, like of the limitations. It is fruit of the revision of the interaction theories of the self-concept, and the empirical study of the mentioned self-concept.



Introducción

Cuando analizamos las peculiaridades de nuestra sociedad, denominada de la información, la comunicación y el conocimiento, observamos que, la situación socio-histórica y cultural en la que vivimos, ha facilitado muchas de las actividades de nuestra vida cotidiana, pero, no por ello, nos sentimos más felices o dotados de mayores recursos para afrontar las dificultades y problemas diarios.  

Los avances de las nuevas tecnologías, en distintos ámbitos del saber, como la comunicación, el transporte, la economía, la medicina, etc. , y el amplio nivel de comodidades y bienestar que nos han aportado, podrían colmarnos de cierta satisfacción; sin embargo, una mirada a nuestro alrededor nos muestra que este bienestar, ofrecido por el avance y progreso tecnológico, no nos llenan de seguridad y confianza. Por el contrario, las estadísticas muestran la existencia de un elevado porcentaje de personas que sufren depresión, ansiedad, estrés, somatizaciones, etc. , trastornos relacionados con la salud mental.

Una de las consecuencias de los avances tecnológicos, que caracterizan nuestro mundo, es la velocidad que, además, origina grandes cambios, por lo que, podríamos definir nuestro mundo como un mundo cambiante, que se rige por la filosofía de la prisa: “aquí y ahora”. En este contexto, la rapidez, la inmediatez, la prisa son valores en alza… y cualquier hecho o acontecimiento adquiere el rango de “importante y urgente”, de modo que, al ser todo importante, lo importante deja de ser importante, y lo urgente se convierte en “al instante” lo que genera altos niveles de estrés y ansiedad.

De esta vivencia: “aquí y ahora” emana una sensación de vaporización del tiempo al experimentar que lo que hoy es, mañana no lo es. La experimentación de lo etéreo y efímero de nuestro vivir engendra que no merece la pena esforzarse en hacer algo, y hacerlo bien, porque ¿para qué? si cuando se haya terminado, ya no servirá. . . creando un sentimiento de inutilidad, que se contrapone a la necesidad vital del hombre de realizar, actuar y transformar la realidad.  

Esta situación, indudablemente, acarrea “inestabilidad e incertidumbre” y como consecuencia “inseguridad y desconfianza”, que promueven una actitud vital de desilusión, a su vez que, una carencia de proyectos de futuro, a largo plazo, (motivada por el miedo y el temor a no llegar a ese futuro). Esto suscita una búsqueda de gratificaciones, inmediatas y a corto plazo, que se concretan en el consumismo de cualquier tipo y forma (compras compulsivas, alcoholismo, drogas, etc. ), como una manera de buscar la felicidad, de evadirse de los problemas, de superar así la sensación de frustración y de vacío que produce no alcanzar las metas marcadas la sociedad, de tal forma que “las normas de conducta entrañan un anhelo de progresar en el mundo, de aventajar a los otros, de ganar más dinero que el requerido para el sustento (Horney, K. , 1987), llegando a constituir una verdadera carrera competitiva para llegar a tiempo o ser lo que se espera de nosotros, entrando en la dinámica de “todo vale” para demostrar que valemos.

En definitiva, aunque “el tener” sea un valor imperante en la sociedad actual, este valor “no suple el ser”. El hombre necesita hallar respuesta a la gran pregunta ¿quién soy yo? Y descubrir su identidad en una sociedad que ansía tener, y lo conduce a vivir una soledad llena de desarraigos y miedos, acompañada de la angustiosa necesidad de sentirse querido.  

Ante esta realidad, el papel de la educación es de vital importancia, sobre todo en el ámbito de la salud mental, que sigue suscitando miedos y angustias debido a estereotipos, mitos e ideas erróneas. Las actividades que proponemos se enmarcan teóricamente en el modelo del Concepto de sí mismo de L’Écuyer, con el objetivo de favorecer que el sujeto adquiera un claro conocimiento de sí mismo, y su relación con su identidad personal, como medida preventiva de problemas relacionados con la salud mental.

El trabajo se desarrolla en tres partes, la primera, trata la delimitación conceptual de los conceptos claves: salud mental, prevención y educación; la segunda, presenta un breve recorrido sobre la revisión de las teorías del concepto de sí mismo y que fundamenta nuestra propuesta educativa, y, la tercera, ofrece una serie de estrategias de actuación educativa que conduzcan a un mayor conocimiento de sí mismo, de manera que al ayudar a conocer con más claridad las propias capacidades y posibilidades, así como las limitaciones, este auto-conocimiento lleve a la auto-aceptación y a desarrollar una autoestima positiva, como signo de una buena salud mental.


Delimitación conceptual

. Concepto de salud mental 

No existe una definición unánime ni criterios objetivos universalmente aceptados para hablar de la salud mental. A menudo, se aborda desde criterios que se pueden agrupar en: 1) ausencia de enfermedad mental, 2) equiparación con la normalidad y 3) asimilación con un cierto estado de bienestar. Sin embargo, el análisis de cada uno de ellos nos muestra que no son aceptables por las siguientes razones: En el primera caso, porque la enfermedad mental no se acompaña de forma sistemática de lesiones orgánicas; en el segundo, porque la normalidad, el concepto de norma hace referencia a una regla, a una igualdad o a la representatividad de una mayoría, concepción que varía de unas culturas a otras, donde pueden entrar en juego juicios de valor, corriendo el riesgo de caer en la discriminación; por último, en el tercero, en cuanto a su asimilación con un cierto estado de bienestar, éste carece de reconocimiento científico.  

Basándonos en la definición de salud, propuesto por la OMS, podemos definir la salud mental como una condición que permite el desarrollo óptimo del individuo desde el punto de vista biológico, físico, intelectual, afectivo y social, en la medida en que es compatible con la salud mental de los que le rodean.  

. Concepto de prevención

El concepto de prevención nos remite al ámbito de la psiquiatría comunitaria, y se enmarca en la triple propuesta de Caplan (1978): prevención primaria, secundaria y terciaria.  

La prevención primaria se dirige a disminuir la incidencia de una enfermedad en una población, por lo tanto a reducir el riesgo de aparición de los nuevos casos. Se trata de una acción previa a la aparición de la enfermedad. La prevención secundaria está destinada a disminuir el predominio de una enfermedad en una población, por lo tanto a reducir el número de enfermos reduciendo la duración de evolución. Se trata de una actuación que se sitúa al principio de una enfermedad y que tiene en cuenta la detección precoz y el tratamiento de los primeros casos. La prevención terciaria se dirige a disminuir el predominio de las incapacidades crónicas o recaídas en una población, por lo tanto a reducir las incapacidades funcionales y sociales.

. Concepto de educación

El origen latino del concepto “educación” ha dado lugar a una doble interpretación del término: 1) “educare” significa: alimentar, amantar, nutrir. . . Concibe la educación como transmisión de conocimiento y actitudes, e implica la idea de insertar o integrar el sujeto en la sociedad y la cultura, y 2) “educere” significa: extraer, sacar afuera, conducir… concibe la educación como proceso de desarrollo de potencialidades, en el que el adulto acompaña al sujeto hacia su autonomía, dentro de un enfoque interactivo con el entorno.


. Revisión de las teorías del concepto de sí mismo

La psicología como ciencia se separa de los planteamientos filosóficos, con el surgimiento del positivismo, a la par, que comienza el estudio del “yo”. A Williams James (1909), debemos la primera contribución del conocimiento de sí mismo y la concepción del yo, desde una perspectiva dinámica, haciendo una diferenciación entre el yo sujeto y el yo objeto, siendo el marco de trabajo de posteriores autores. Cooley y Mead, figuran como precursores del Interaccionismo Simbólico, movimiento que planteó estudios del autoconcepto desde dos perspectiva: 1) como percepción e interpretación que el sujeto realiza de sus relaciones con los demás, y como resultado del significado o interpretación de estas interacciones compartidas.  

Históricamente, podemos considerar que el autoconcepto se ha estudiado desde dos corrientes: Individualista y Social, y, también desde la perspectiva americana y europea, pasando a denominarse concepto de sí mismo. Un buen análisis de trabajos realizados sobre el concepto de sí mismo, dirigido a descubrir los elementos esenciales y facilitar su comprensión, nos lo ofrecen L’Écuyer, R. (1985, 1990), Burns, R. B. (1990), Byrne, B. M. (2002), entre otros, y, dentro de nuestro país, Musitu Ochoa, G. , Román Sánchez, J. M. y Gracia Fuster, E. (1988), Oñate, M. P. (1989), Fierro, A (1996).  

Como fruto del estudio de ambas propuestas y teniendo en cuenta la aportación de las teorías interaccionistas, en la actualidad, se pueden aunar los aspectos individuales y sociales que interactúan en la construcción del concepto de sí mismo, y definirlo como la: “Percepción cognitiva, afectiva y social que el sujeto tiene de su realidad, tanto interna como externa, a través de las vivencias que se producen en su interacción con los demás” (Aguilar Ramos, M. C. 2000, p. 52). Esta perspectiva se puede enmarcar el trabajo presentado por Popper y Eccles (1993) en “El yo y cerebro” (donde intentan clarificar las distintas relaciones que se establecen en las experiencias humanas, a través de una triple división: a) Mundo 1, referido al mundo físico, b) Mundo 2, incluyendo la realidad de los estados mentales, que abarca los estados de conciencia, disposiciones psicológicas y estados inconscientes, c) Mundo 3, que abarca contenidos del pensamiento y los productos de la mente humana),  
L’Écuyer, R. (1985, 1990) nos presenta el modelo de concepto de sí mismo multidimensional, jerárquico, experiencial y complejo, estudiado en personas con edades comprendidas entre los tres y los cien años. Su propuesta de una organización jerárquica y estructural viene a coincidir con la de Shavelson et al. (1976), que también presenta un modelo jerárquico y estructural del concepto de sí mismo aplicado al campo académico, que denomina concepto de sí mismo general y abarca dos dimensiones: concepto de sí mismo académico y concepto de sí mismo no académico, con sus correspondientes subdivisiones, iniciando así una línea de investigación que durante años ha generado interesantes trabajos (Shavelson, R. J. , Hubner, J. J. & Stanton, G. C. , 1976; Byrne, B. M, & Shavelson, R. J. , 1986, 1987, 1996; Byrne, B, M. & Worth Gavin, D. A. 1996; Byrne, B, M, 1984, 2002).
Definido el concepto de sí mismo como “un sistema multidimensional” se articula en tres niveles sucesivos: Estructuras, Sub-estructuras y Categorías, (L’Écuyer, 1975a, p. 31 y 1985, p. 69), que se organiza de la siguiente forma.

1. - Estructura del sí mismo material: Comprende todas las referencias al cuerpo y a las diferentes posesiones con las cuáles el individuo se identifica de una u otra manera. Tiene dos sub-estructuras: el sí mismo somático y el sí mismo posesivo.

2. - Estructura del sí mismo personal: Se refiere a las características más internas o psíquicas formuladas por el individuo, pudiendo ser algunas de ellas más generales o descriptiva, como la sub-estructura imagen de sí mismo y otra más profunda, tal como sería la sub-estructura identidad de sí mismo.

3. - Estructura del sí mismo adaptativo: Corresponde a las reacciones que el individuo tiene ante sus percepciones de sí mismo. Estas reacciones pueden ser de dos órdenes: De evaluación positiva o negativa, como la sub-estructura de valor de sí mismo y de acción que especifica el tipo de acción o de reacción ante sus percepciones, como la sub-estructura actividades del sí mismo.

4. - Estructura del sí mismo social: Indica que el sujeto emerge de sí mismo, que se abre a los demás, que entra en interacción con el prójimo. Dos sub-estructuras darían cuenta de estas modalidades: Preocupaciones y actitudes sociales y referencias al género.

5. - Estructura de sí mismo/no sí mismo: Incluye dos sub-estructuras: Referencias al prójimo y opinión del prójimo sobre sí mismo.


La revisión de diversas posiciones teóricas, y el enfoque constructivista de la percepción (Fernández Trespalacios, J. L. , 1992), nos hace considerar también aspectos biológicos, afectivos, sociales y experienciales en la configuración del concepto de sí mismo, contemplando su construcción como respuesta a la percepción del ambiente que rodea al sujeto (y con el que interactúa), a sus estados emocionales y a lo que el sujeto cree de sí mismo. Una importante observación para considerar esta perspectiva biológica, cognitiva y experiencial de la construcción del concepto de sí mismo se aprecia en la aparición de las estructuras Sí mismo Material y Sí mismo Personal como percepciones centrales en todos los sujetos de 20 grupos estudiados (Aguilar Ramos, MC. , 2003). A este respecto, nos parece interesante ofrecer otro dato, la ausencia de referencia a la dimensión material, que es objeto de investigación de nuestros actuales estudios de caso, que puede estar relacionada con la no aceptación de algún aspecto físico del sujeto.

Actualmente, la consideración de la formación del concepto de sí mismo con múltiples componentes, complejos y variados, se puede constatar en numerosas investigaciones. Concretamente, estudios realizados con adolescentes deportistas muestran su propensión a problemas de salud mental relacionados con trastornos de alimentación, depresión, imagen negativa de su cuerpo, obsesiones por su peso y su apariencia, etc. , debido a la tendencia social de realzar la esbeltez y la delgadez, que lleva a producir modificaciones biológicas, y una preocupación por la imagen corporal durante la pubertad que convierte la adolescencia en el período más vulnerable para caer en trastornos como la anorexia, bulimia, etc.  

Estos estudios ponen en evidencia la dimensión de la estructura del sí mismo material y a sus dos sub-estructuras: el sí mismo somático y el sí mismo posesivo que hace referencias al cuerpo y a las diferentes posesiones con las cuáles el individuo se identifica de una u otra manera.  

El objeto de nuestros estudios, al igual que los realizados por L’Écuyer, R. (1975a, 1985, 1990), se dirigen a conocer cómo se construye el concepto de sí mismo, a partir de las experiencias cotidianas, para ello aplicamos el cuestionario ¿Quién eres tú? (Ibid. 1990), por considerarlo el más adecuado al representar un modelo multidimensional, cognitivo, afectivo y experiencial. Los resultados muestran que el concepto de sí mismo tiene un desarrollo evolutivo, cambia con la edad, datos que son apoyados por diferentes autores (Allport, 1977, Erikson, 1980, 1982, l’Écuyer (1985, 1990), que el género es una variable que influye en su construcción, ya que las niñas lo presentan más definido, y se puede explicar en base a las características biológicas y psicológicas propias de cada género (L’Écuyer, R. , 1975, 1985, 1990). Los datos respecto al nivel socio-económico no aparecen como un factor determinante en su formación, sino que, en este nivel, influyen otros factores, por ejemplo, las pautas educativas en aspectos afectivos, como carencias o sobreprotecciones que se encuentren en el ámbito familiar de los distintos contextos estudiados.  

Aunque parezca increíble, en medio de esta sociedad de la comunicación y la información, el tema del concepto de sí mismo sigue teniendo actualidad en la psicología contemporánea, tal como lo pone en evidencia el reciente “Award for Distinguished Contributions to Education and Training in Psychololy” concedido a la profesora Bárbara M. Byrne (2002) como reconocimiento a su larga trayectoria de contribuciones a este campo de estudio, al que aún le queda mucho por descubrir.


Una educación dirigida a prevenir problemas de salud mental

Brücker y Bassin (1989) se apoyan en Caplan para proponer tres categorías de educación para la salud: enseñanza primaria, secundaria y terciaria. a) La educación primaria es la acción educativa orientada a reforzar el estado de salud, b) La educación secundaria consiste en aplicar medidas educativas destinadas a evitar problemas de salud o, en el caso de que se hayan producido, restaurarla cuanto antes, y c) La educación terciaria es la intervención educativa dirigida a hacer "vivir lo mejor posible" las secuelas de un problema de salud o un accidente.  

Desde esta perspectiva los conceptos: Salud mental, prevención y educación son claves para tomar conciencia de situaciones de riesgos para la salud, tanto física como existencial, y que justificamos al amparo del informe de la “Prevención de los trastornos mentales”, publicado por la OMS (2005), el cual señala que, a nivel mundial, unos 450 millones de personas padecen trastornos mentales y de conducta, y representan una inmensa carga psicológica, social y económica a la sociedad, y de riesgo de las enfermedades físicas, de manera que recomienda la prevención como el único método sostenible para reducir la carga causada por estos trastornos.

En este contexto, el objetivo de la educación se dirige a prevenir problemas de salud, en sus distintas dimensiones, y, especialmente, en la mental, 1) ayudando a los sujetos: a) a alcanzar un mayor conocimiento de sí mismo, b) conocer las posibilidades de sus recursos internos (que favorecen la segregación de hormonas que proporcionan sensación de bienestar interno), y 2) enseñando comportamientos favorables: a) a adquirir hábitos de salud mental sana, y b) a despertar actitudes positivas hacia modelos de vida saludable, porque “Podemos estimular los rasgos de nuestro carácter que nos ayudan a superar los aguijonazos que inevitablemente nos proporciona la vida, o, por el contrario, restringir o incluso anular las tendencias negativas que nos lo impiden (Rojas Marcos, L. 2006).  

. Propuesta educación para la salud mental. La propuesta de una educación para la salud encuentra su justificación tanto en los datos aportados por la OMS y como por las distintas administraciones públicas que destacan conductas de riesgo para la salud, y la necesidad de adquirir comportamientos de vida sana, especialmente en los jóvenes.  

Consideramos que el modelo del concepto de sí mismo (L’Écuyer, 1975ª, 1985), aporta un marco de referencia apropiado para trabajar aspectos que influyen de forma significativa en la prevención de problemas de salud mental relacionados con trastornos de alimentación, imagen corporal, ansiedad, estrés, etc.  

Los trabajos ponen en evidencia la visión holística e integradora del concepto se sí mismo, en el que intervienen factores biológicos, cognitivos, experienciales y sociales. La pregunta ¿quién soy yo? tiene una base esencial que descansa en percepciones y experiencias vitales, en ellas intervienen mecanismos internos, biológicos, bioquímicos, hormonales, neurológicos, etc. , regidos por el sistema nervioso central, que transforma las percepciones de la realidad externa o ambiental, impregnándolas de significado personal, contribuyendo así a construir el conocimiento de sí mismo.  

La dimensión biológica da al sujeto la posibilidad de experimentar su cuerpo a través de movimientos y sensaciones corporales que interioriza y representa mentalmente. Este conocimiento le viene dado no sólo por la imagen de su cuerpo, que puede contemplar en un espejo, sino también por las sensaciones internas de bienestar, placer, satisfacción o malestar, displacer e insatisfacción, en las que intervienen las emociones, como motor que rige sus reacciones e interpretaciones de la realidad. Al mismo tiempo, el cuerpo es un vehículo de relación con el medio físico y social, que ocupa una extensión limitada y visible.

La dimensión cognitiva le dota de la capacidad de anticipar y planificar sus acciones, de diseñar un proyecto de vida. Los productos de sus percepciones son tamizados por las leyes del pensamiento. El hombre piensa sobre sí mismo y el mundo que le rodea, e interpreta estas realidades con un significado personal, único e irrepetible, en función de las experiencias vividas y acumuladas en el tiempo.  

La dimensión experiencial contempla las vivencias y afectos que dejan huellas en él y van perfilando su personalidad, como fruto de sus interacciones que le hacen sentir su propia existencia y la de los otros, así como su pertenencia a un grupo familiar, social y cultural. En este contexto el hombre construye su concepto de sí mismo y toma conciencia de su propia identidad, y puede responder “yo soy. . . ” 

Esta toma de conciencia se puede contemplar desde una doble significación: 1) consciencia como el conocimiento y la percepción de la propia existencia, entendida como sensaciones, emociones, recepciones sensoriales y actividades motoras; y 2) conciencia (sin s) cuyo significado es más bien ético, relacionado con la calidad de pensamientos y acciones, que requiere, además de la consciencia, una valoración moral de ideas y conductas que dependen en gran parte de la educación, la cultura y el marco referencial en el que se desenvuelve la vida del hombre (Rodríguez Delgado, J. M. , 2001).

Por tanto, el modelo que proponemos, al tratarse de un “sistema multidimensional” que se organiza en estructuras: 

1. Concepto de sí mismo material,  

2. Concepto de sí mismo personal,  

3. Concepto de sí mismo adaptativo,  

4. Concepto de sí mismo social,  

5. Concepto de sí mismo sí mismo/no sí mismo, permite que las propuestas educativas se dirijan a desarrollar el conocimiento y aceptación de sí mismo, de su cuerpo, sus sensaciones, emociones, intereses, capacidades, etc. , del medio en el que vive, de su familia, amigos, etc. , y profundizar en el desarrollo del propio yo, de manera que adquiera un yo ajustado a su realidad. La finalidad es ayudar así al sujeto a descubrir la dimensión creativa y autorrealizadora de su existencia personal, y favorecer la adquisición de una personalidad sana.

El descubrimiento de sí mismo experimentando aspectos biológicos, cognitivos, experienciales y sociales, así como sus posibilidades y limitaciones, favorecerá el desarrollo de una autoestima positiva. autoestima que consideramos, parafraseando a Burns (1990), la valoración positiva que hace el sujeto de sí mismo, la auto-aceptación de sus limitaciones, y no entristecerse por lo que no es.

Las actividades se pueden realizar en distintos contextos: escolar o extraescolar, y se dirigen a lograr, entre otros, los siguientes objetivos: 

Con relación a la primera estructura: Concepto de sí mismo material

· Conocer el propio cuerpo y sus funciones

· Descubrir las sensaciones corporales

· Relacionar las distintas partes del cuerpo y sus sensaciones

· Conocer nuestro estado de salud y hábitos de vida sana

· Descubrir nuestra familia inmediata como parte de nosotros mismos

· Relacionar las posesiones que tenemos y nuestras relaciones con ellas

Con relación a la segunda estructura: Concepto de sí mismo personal

· Conocer nuestra emociones y sentimientos

· Describir nuestras aspiraciones y proyectos de futuro

· Descubrir los sentimientos que los miembros familiares despiertan en nosotros

· Analizar el papel que cada miembro de nuestra familia juega en nuestra vida

· Analizar con qué características nos identificamos

· Descubrir nuestras propias creencias y valores

Con relación a la tercera estructura: Concepto de sí mismo adaptativo

· Analizar nuestras estrategias de adaptación en la vida cotidiana

· Relacionar nuestros sentimientos y las reacciones que provocan

· Descubrir cómo nos enfrentamos a los problemas cotidianos

· Analizar las estrategias que utilizamos para solucionar problemas

· Conocer nuestra actitud ante la vida 

Con relación a la cuarta estructura: Concepto de sí mismo social

· Analizar nuestra vida social

· Relacionar el número de amigos que tenemos

· Descubrir aspectos que definan nuestras relaciones sociales

· Analizar nuestras relaciones de género

· Conocer nuestras actitudes y preocupaciones sociales

Con relación a la quinta estructura: Concepto sí mismo/no sí mismo

· Analizar nuestra referencias al prójimo con relación a nosotros mismos

· Descubrir la opinión que creemos tiene el prójimo de nosotros mismos.

Los contenidos a tratar pueden ser entre otros:

· El cuerpo y sus posibilidades

· Funciones del cuerpo

· La salud y hábitos de vida sana

· Emociones: ira, miedo, ansiedad, tristeza, aversión, alegría, humor, amor, felicidad

· La inteligencia emocional

· Dotación biológica dirigida a sentirse bien: opiáceos internos

· Aspiraciones, intereses y proyecto de futuro

· Mis relaciones con los otros: Familia, pareja, amigos, etc.

· comunicación y conflicto

· Resolución de conflictos

Las actividades a desarrollar son muy variadas, entre ellas se pueden destacar:

· Talleres de Auto-conocimiento y autoconciencia

· Talleres de Técnicas de relajación

· Talleres de Habilidades sociales

· Talleres de Educación emocional

· Talleres de comunicación eficaz

· Talleres de Resolución de conflictos

· Talleres de Desarrollo de la creatividad

Los materiales a utilizar son principalmente

· Lápiz y papel

· Guión de sesiones

· Vídeos

· Material didáctico


Conclusiones

Nuestra propuesta dirigida a prevenir problemas de salud mental, se apoya en el modelo del Concepto de si mismo, y es fruto de nuestros trabajos, en los que hemos constatado que, en su construcción, intervienen factores personales y factores sociales, debido a la interacción del sujeto con el medio y a las percepciones internas y externas que hace de la realidad en que vive.  

Consideramos que esta proposición se puede ajustar al enfoque bio–psico-social de la salud mental, que permite contemplar el desarrollo de la persona desde los planos: 

1) El desarrollo de su personalidad y 2) El contexto sociocultural.

La personalidad se desarrolla en una historia personal y biográfica, y da sentido a la persona que se compone de elementos biológicos y genéticos (que la hacen única e irrepetible). Con esta dotación biológica y genética evoluciona y se desarrolla en interacción con el contexto sociocultural, el cual favorece el conocimiento de sí mismo, y ayuda a tomar consciencia de sí mismo, de manera progresiva por medio de vivencias emocionales y cognitivas que el sujeto va integrando en sus experiencias de vida.  

De ahí que el ser humano sea un ser inacabado y siempre en proceso de evolución dentro un proyecto social.
La influencia del contexto sociocultural, el ambiente físico y material, interviene en la interpretación personal que el sujeto hace de la realidad. Un evento puede ser neutro en sí mismo, pero puede tener un significado especial para una persona en función de cómo éste se relaciona con su historia personal y remueve vivencias o traumas pasados.  

En este plano, incorporamos el ambiente humano, representado por la familia. La llegada de un bebé al hogar supone una modificación en la vida de una pareja, que ve perturbada sus rutinas. Esta nueva situación requiere un proceso de asimilación y acomodación para llegar al equilibrio del sistema familiar, es decir, a la adaptación de esta nueva estructura familiar, y que algunas parejas no llegan a alcanzar. La familia constituye el medio indispensable para crear vínculos de apego que favorecen un desarrollo emocional sano. Los elementos esenciales para la creación de estos vínculos son: amor, seguridad, ejemplo y reglas, en cuyos pilares reposan los primeros signos de conocimiento de sí mismo del bebé, que se desarrolla en un proceso de identificación-diferenciación con el adulto.  

Algunos desórdenes de salud mental pueden provenir de conflictos entre las posibilidades reales y los ideales que, a través de la cultura, construyen nuestro sistema de valores. Sistema de valores que podemos considerar como un conjunto de comportamientos adquiridos, y de valores conocidos por los miembros del grupo, y transmitido de generación en generación, y que conforman la identidad familiar, social y cultural.  

La importancia de estos valores radica en que, cuando se producen cambios, chocan con los valores familiares y sociales existentes y pueden causar un conflicto psíquico y afectar la salud mental, tal como está pasando en la sociedad actual.  


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