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Última actualización web: 04/12/2022

La crisis y una de sus consecuencias: El trastorno estrés postraumático.

Autor/autores: Antonia Regaña Jiménez
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Trastornos de ansiedad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La actual crisis económica que estamos viviendo en todo el mundo puede producir una sensación de ansiedad, baja autoestima y agresividad y puede afectar a muchas áreas de la vida cotidiana de cualquier persona y desembocar en un desajuste emocional. Esta sensación de sobrecarga produce un círculo negativo por ejemplo en áreas laborales, con disminución del desempeño y aumento del estrés. Hay personas que realmente no se encuentran influenciados por la crisis directamente, pero sí sienten criterios de inadaptación que los desajustan a nivel emocional por miedo a llegar a padecer dicha crisis. Diversos estudios han indicado una mayor prevalencia de enfermedades somáticas en pacientes con trastornos de ansiedad, entre los que especialmente destacan la cardiopatía, la neumopatía, las enfermedades digestivas y la cefalea.

La crisis aumenta la "inseguridad" de las personas ante la pérdida de empleo o la imposibilidad de hacer frente a pagos adquiridos, lo que puede llevar a un cuadro severo de estrés y a "conductas de riesgo", como son la bebida o las drogas, y/o desembocar en trastornos psíquicos e incluso mentales, como el trastorno de estrés Postraumático (TOC). El cuadro caracterizado por ansiedad persistente, hipervigilancia y conductas de evitación fóbicas es característico del trastorno de estrés Postraumático y en la sociedad actual, por desgracia, con la llegada de la crisis económica, es tema repetitivo y manifiesto en un gran número de pacientes que acuden en busca de solución a nuestro Centro Médico Psicosomática en Sevilla.

Palabras clave: crisis


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LA crisis Y UNA DE SUS CONSECUENCIAS:
EL trastorno DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Nº de Ref: 701662026
Código: 8cof1539606

Resumen
La actual crisis económica, que estamos viviendo en
todo el mundo, puede llegar a producir una sensación de
ansiedad, baja autoestima y agresividad, y puede afectar a
muchas áreas de la vida cotidiana de cualquier persona y
desembocar en un desajuste emocional.
Esta sensación de sobrecarga produce un círculo
negativo, por ejemplo, en áreas laborales, con disminución del
desempeño y aumento del estrés. Hay personas que
realmente no se encuentran influenciados por la crisis
directamente, pero sí sienten criterios de inadaptación que
los desajustan a nivel emocional, por miedo a llegar a padecer
dicha crisis.
Diversos estudios han indicado una mayor prevalencia
de enfermedades somáticas en pacientes con trastornos de

ansiedad, entre los que especialmente destacan la
cardiopatía, la neumopatía, las enfermedades digestivas y la
cefalea.
La crisis aumenta la "inseguridad" de las personas
ante la pérdida de empleo o la imposibilidad de hacer
frente a pagos adquiridos, lo que puede llevar a un
cuadro severo de estrés y a "conductas de riesgo", como
son la bebida o las drogas, y/o desembocar en trastornos
psíquicos e incluso mentales, como el trastorno de Estrés
Postraumático (TEPT).
El cuadro caracterizado por ansiedad persistente,
hipervigilancia y conductas de evitación fóbicas, es
característico del trastorno de estrés Postraumático y en la
sociedad actual, por desgracia, con la llegada de la crisis
económica, es tema repetitivo y manifiesto en un gran
número de pacientes que acuden en busca de solución a
nuestro Centro Médico psicosomático en Sevilla.

1. Introducción
En 1980 se acuñó oficialmente, en la terminología
psiquiátrica, la denominación de trastorno por Estrés
Postraumático (TEPT), en la tercera versión de la
clasificación diagnóstica de la Asociación Psiquiátrica
Americana (DSM-III). Desde esa fecha en adelante, este
cuadro clínico ha cobrado gran importancia, hasta alcanzar
su máxima divulgación con ocasión de los ataques terroristas
del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas del
World Trade Center, en Nueva York, y al Pentágono, en
Washington.

de

El TEPT se caracteriza por una tríada sintomática
fenómenos invasores, conductas de evitación y

síntomas de hiperalerta en respuesta a un acontecimiento
traumático, que puede presentarse en cualquier sujeto y a
cualquier edad. Este diagnóstico constituye un problema de
salud pública por su alta prevalencia, por afectar
preferentemente a población activa, por presentarse
tanto en población general como en combatientes, por la
incapacidad que genera y por los altos costos de salud
que implica. Es un cuadro que en general ha sido
infradiagnosticado y por ende infratratado.
La crisis económica por la que está atravesando la
economía a nivel mundial, no sólo repercute en las arcas de
los países que la padecen, sino también en la salud de la
población en general que ve como los refuerzos económicos,
sociales, laborales, etc. van mermando de tal forma que
llegan a constituir un factor de riesgo para la salud de
cualquier individuo. Hay datos suficientes para sospechar que
esta crisis puede afectar a la salud mental de las personas.
Disponemos de varios encuestas españolas (Encuestas
Nacionales
de
Salud,
del
MSC),
y
europeas
(ESEMeD/MEDEA) que evidencian que los niveles
socioeconómicos bajos y la pérdida de estatus socioeconómico se asocian a peores autoevaluaciones de salud y
altos índices de morbilidad psiquiátrica, así como aumento
del consumo de recursos sanitarios.
Las razones son varias. Hay factores objetivos, como la
pérdida de recursos, restricción de medios y opciones,
disminución de la calidad de vida, etc. Pero lo peor es la
percepción de inseguridad, la anticipación ansiosa y
pesimista del futuro, la rumiación de los problemas. . . que
producen ansiedad e insomnio, los cuales a su vez acaban
generando síntomas depresivos y psicosomáticos.
Es más, se ha comprobado que el mayor factor de
riesgo para la salud emocional no es tanto la pérdida

objetiva de recursos o apoyos como la percepción
subjetiva de disminución de apoyos percibidos. La creencia
subjetiva de que llegado el caso no vas a disponer de apoyos
externos para salir adelante, ya sean familiares, laborales o
sociales, incluyendo los financieros. Así pues, no es de
extrañar que en esta situación los médicos diagnostiquen
más trastornos adaptativos con ansiedad y/o depresión, y
que aumente la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos,
así como la concesión de bajas laborales.

2. Historia
Si bien la mayor cantidad de descripciones clínicas de
cuadros que corresponden al actual concepto de TEPT
fueron publicadas durante el siglo XX, también debe tenerse
en cuenta que los primeros relatos provienen de la Grecia
clásica. Hipócrates menciona pesadillas, relacionadas con los
combates en soldados sobrevivientes a ciertas batallas, y
Heródoto da cuenta, en su Tratado sobre la Historia, de los
síntomas que presentaban los soldados que habían
participado en la Batalla de Maratón.
La Revolución Francesa y la figura de P. Pinel dan inicio
a la moderna psiquiatría y se incorpora esta especialidad al
resto de la medicina. Los médicos militares en esa época
propusieron hipótesis etiológicas para explicar los síntomas
observados por algunos soldados a consecuencia de las
explosiones de granadas, aunque no presentaran lesiones
físicas. También resulta interesante la descripción que hace
P. Pinel sobre los síntomas experimentados por el filósofo B.
Pascal con posterioridad a un accidente de su carruaje al
caer al río Sena en el cual él estuvo a punto de ahogarse. B.
Pascal vivió ocho años más y se mantuvieron las pesadillas
con un precipicio al lado izquierdo, por lo que cada noche
colocaba una silla a ese lado de la cama para evitar caerse.

Tomando en cuenta los síntomas experimentados por
los soldados y el efecto provocado por algunos hechos
traumáticos en la población civil, P. Pinel describió la
"neurosis cardiorrespiratoria" y los estados postraumáticos
estuporosos que denominó "idiotismo". Estas descripciones
corresponden al concepto de neurosis de guerra que
aparecerá posteriormente.
El progreso tecnológico y la aparición de los
ferrocarriles se acompañaron de algunos accidentes graves y
en los sobrevivientes aparecieron síntomas psicológicos, los
que fueron adjudicados por algunos médicos a lesiones
microscópicas de la columna o del cerebro. En cambio, otros
especialistas postularon que los síntomas se debían al shock
emocional y tenían características histéricas. Así, se inició
una controversia para explicar los síntomas del TEPT,
oponiendo una aproximación biológica con otra psicológica.
Alejándose del escenario bélico, el médico alemán H.
Oppenheim acuñó el término "neurosis traumática" en 1884
para referirse a los síntomas presentados por pacientes que
habían sobrevivido a accidentes ferroviarios o en su lugar de
trabajo.
Hacia fines del siglo XIX cobraron gran importancia los
aportes de J. M. Charcot, P. Janet y S. Freud. En sus
primeros cuatro libros P. Janet describió los cuadros clínicos
de 591 pacientes y en casi la mitad de ellos los fenómenos
psicopatológicos eran explicables por un origen traumático.
P. Janet se refirió a las "emociones vehementes" que
ocurrían en los pacientes durante un acontecimiento
traumático, las cuales impedían integrar esa experiencia
agobiadora; de ese modo se constituía una memoria
traumática, la cual estaba disociada de la conciencia y
sin control de la voluntad. En esta explicación de los

fenómenos psicopatológicos encontramos algunos elementos
centrales para el manejo psicoterapéutico de los pacientes
con TEPT.
La I Guerra Mundial nos legó el término "shell shock"
que aludía a las reacciones de los soldados en el frente de
batalla a causa de las explosiones de las minas y de las
granadas o bien al hecho de ser testigos de las horribles
muertes de sus compañeros, lo que provocaba estados de
mutismo, sordera, temblor generalizado, incapacidad para
caminar o mantenerse de pie, pérdidas de conciencia o
pseudoconvulsiones. En 1915 en un artículo de The Lancet
apareció el término "shell shock" que correspondía a la
descripción de la pérdida de memoria, visión, gusto y olfato
que presentaron tres soldados.
En 1895, S. Freud, publica "Estudios sobre la Histeria",
donde propone la dimensión inconsciente del registro
traumático y elabora la explicación dinámica del conflicto
subyacente, enfatizando sobre el carácter somático de la
neurosis traumática ". . . el sujeto imposibilitado de
responder, ni con una descarga adecuada, ni con una
elaboración psíquica al flujo desmesurado de excitación que
recibe y que amenaza su integridad, tenderá a repetir, de
manera compulsiva, especialmente en sus sueños, la
experiencia traumática. . . ". Las correlaciones entre síntomas
psicológicos producidos por accidentes y los sufridos por
soldados en situación de combate se sucedieron en los años
posteriores: Guerra Ruso- Japonesa (1904-1906) y I Guerra
Mundial (1914-1918), en la que se introduce el término de
"neurosis de guerra". La experiencia de dicha guerra hace
que al iniciar la segunda conflagración mundial se tomaran
algunas medidas de prevención, especialmente en EE. UU, en
cuyo ejército se realizó una preselección de los ciudadanos
que se incorporaron a filas así como la organización de

servicios de atención psiquiátrica para los combatientes que
presentaban síntomas psíquicos.
Desde el punto de vista etiopatogénico fueron
señalados la violencia de los combates, la duración de la
exposición a los mismos, la cohesión del grupo y los
conflictos intrapsíquicos previos, que parecieron ser más
importantes que el miedo y el agotamiento.
El rol predisponente de la personalidad y de la
preexistencia de neurosis fueron admitidos por todos los que
la estudiaron.
En 1936 Hans Selye presenta y argumenta el "síndrome
general de adaptación", en el que explica el concepto de
estrés y los distintos tipos del mismo.
En EE. UU la experiencia de la guerra del Vietnam
(1964-1975), llevó a que apareciera por vez primera en el
Manual diagnóstico Internacional de las Enfermedades
Mentales (DSM-III) 1980, la denominación de "Trastorno de
estrés postraumático" (TEPT). En los últimos años las
reacciones psíquicas producidas no sólo por los accidentes
de trabajo y de tráfico, sino también por la violencia
social en "tiempos de paz" (violaciones y abuso sexual,
asaltos a mano armada, terrorismo urbano, abuso de
drogas, maltrato infantil, así como las catástrofes
naturales y el conocimiento de las consecuencias
psiquiátricas de las torturas por móviles políticos) han
supuesto la integración de dichos cuadros en este
trastorno.

3. Definición

El término TEPT engloba dos aspectos bien
definidos: por una parte una respuesta de estrés que
naturalmente es patológica, y, por otra, el trauma.
estrés es un concepto científico, que alude a una respuesta
inespecífica del organismo ante una demanda. Frente a un
estresor, el organismo responderá buscando la adaptación y
el equilibrio (homeostasis). El estresor puede ser físico o
psicológico, y la respuesta puede resultar adaptativa
(eustrés) o patológica (distrés). De acuerdo con el concepto
científico de estrés se podría tener una denominación más
adecuada para el TEPT y que no llevara a confusión, como
podría ser "trastorno por distrés postraumático". Por otra
parte, la respuesta de estrés de los pacientes con TEPT
no corresponde a una exageración de la respuesta normal
de estrés, sino que incluye diversos indicadores biológicos
que permiten caracterizar e individualizar la respuesta
específica de este cuadro clínico.
El vocablo trauma proviene del griego y significa
herida. En el TEPT lo central es el trauma psíquico; es
decir, el impacto emocional de un determinado suceso
capaz de provocar una serie de manifestaciones físicas y
psicológicas. El acontecimiento traumático ha sido definido
por la Asociación Psiquiátrica Americana como aquella
situación psicológicamente estresante que sobrepasa el
repertorio de las experiencias habituales de la vida (como
puede ser un duelo simple, una enfermedad crónica, una
pérdida económica o un conflicto sentimental), que afectará
prácticamente a todas las personas y que provocará un
intenso miedo, terror y desesperanza, con una seria amenaza
para la vida o la integridad física personal o de un tercero.
En este sentido el trauma se vincula directamente con los
desastres, los que pueden clasificarse, de acuerdo con su
origen, en naturales (terremotos, inundaciones, erupciones
volcánicas, tornados), accidentales (incendios forestales,

accidentes de tránsito, choques de aviones) o provocados
deliberadamente por el hombre (violaciones, torturas,
cautiverios, ataques terroristas, asaltos, maltrato infantil).
El acontecimiento traumático provocará una demanda
para el organismo y, dependiendo del contexto
biopsicosocial del sujeto, los mecanismos de adaptación
serán suficientes o insuficientes para poder conseguir una
estabilización, en un determinado lapso de tiempo, y a un
determinado costo, para esa persona.
El impacto de un trauma puede durar desde algunos
segundos, hasta horas, días o meses. Puede ocurrir en forma
única (accidente de tránsito) o reiterada (combate, maltrato
infantil intrafamiliar). Podrá tener consecuencias físicas,
psicológicas y sociales, tanto a nivel individual como
colectivo, (que pueden aparecer de inmediato o a largo plazo)
y pueden originar las más diversas manifestaciones clínicas,
que van desde síntomas emocionales aislados, hasta un
cuadro psicótico. Las diferentes respuestas psicológicas
estarán en función del significado que adquiera el hecho
traumático, lo que dependerá de la interacción entre el
tipo e intensidad del acontecimiento traumático, la
biografía del sujeto, los factores biológicos y el contexto
social.
Deseamos señalar una aportación teórica a la
sistematización clínica de TEPT hecha por L. C. Teer, en
1991, que sugiere dividir los tipos de estrés postraumático
en tres categorías:
- tipo I: El hecho traumático o estresante sería único,
agudo, repentino, sorpresivo e inusual. En la clínica
predominarían las conductas de evitación, hipervigilancia,
percepciones erróneas del recuerdo y memoria detallada del
suceso.

- tipo II: Largo período de exposición a situaciones
traumáticas y de estrés intensas, dando lugar como rasgos
clínicos más relevantes a la negación, fenómenos de autohipnosis, anestesia corporal, sensación de rabia y tristeza
acumuladas y cambios profundos y radicales de carácter.
- tipo mixto: Tras presentar un estrés agudo, brusco,
repentino (equiparables a los del tipo I), éste desencadena
una situación estresante mantenida (con características
similares al tipo II), y una clínica en la que destacaría la
depresión, como síntoma más característico.
El TEPT es el único trastorno que está relacionado
directamente
con
un
acontecimiento
traumático
específico. Esto no ocurre con ninguna otra enfermedad
mental. Existen muchas que pueden surgir a raíz de
situaciones estresantes o de un estrés crónico. De hecho el
modelo de vulnerabilidad al estrés ha sido aplicado a gran
parte de las enfermedades que conocemos en la actualidad.
Pero en el diagnóstico del TEPT tiene que existir un
acontecimiento traumático que desencadene el cuadro.
Razonando en sentido inverso, si no existe un
acontecimiento no puede existir un diagnóstico de TEPT.

4. Criterios diagnóstico
Los Criterios Diagnósticos
para el Estrés
Postraumático, en el DSM-IV-TR quedan definidos así:
A) La persona ha estado expuesta a un acontecimiento
traumático en el que ha existido:
1. La persona ha experimentado, presenciado o le
han explicado uno o más acontecimientos caracteriza-

dos por muertes o amenazas para su integridad física o
la de los demás.
2. La persona ha respondido con un temor, una
desesperanza o un horror intensos (en niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados)
B) El acontecimiento traumático es reexperimentado
persistentemente a través de una o más de las siguientes
formas:
1. Recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen
imágenes, pensamientos o percepciones ( en niños puede expresarse a través de juegos repetitivos donde
aparecen temas característicos del trauma)
2. Sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento que producen malestar (en niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible).
3. El individuo actúa o tiene la sensación de que el
acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye
la sensación de estar viviendo la experiencia, ilusiones,
alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse)
Los niños pequeños pueden rescenificar el acontecimiento traumático específico.
4. Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan
un aspecto del acontecimiento traumático.

5. Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos externos o internos que simbolizan o recuerdan un
aspecto del acontecimiento traumático.
C) evitación persistente de estímulos asociados al
trauma y embotamiento de la reactividad general del
individuo (ausente antes del trauma) tal y como indican tres
o más de los siguientes síntomas:
1. Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
2. Esfuerzos para evitar actividades, lugares o
personas que motivan recuerdos del trauma.
3. Incapacidad
para
recordar
un aspecto
importante del trauma.
4. reducción acusada del interés o la participación
en actividades significativas.
5. sensación de desapego o enajenación frente a
los demás.
6. Restricción de la vida afectiva.
7. sensación de un futuro desolador.
D) Síntomas persistentes de aumento de la
activación (ausente antes del trauma) tal y como indican dos
o más de los siguientes síntomas:
1. Dificultades para conciliar o mantener el sueño.
2. irritabilidad o ataques de ira.
3. Dificultades para concentrarse.
4. hipervigilancia.
5. Respuestas exageradas de sobresalto.
E) Estas alteraciones ( B, C y D) se prolongan más de
un mes.

F) Estas alteraciones provocan malestar clínico
significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas
importantes de la actividad del individuo.
. Especificar si:
Agudo: si los síntomas duran menos de 3 meses.
Crónico: si los síntomas duran 3 meses o más.
. Especificar si:
De inicio demorado: entre el acontecimiento
traumático y el inicio de los síntomas han pasado como
mínimo 6 meses.

Los criterios del DSM-III-R eran más exigentes
que los del DSM-IV a la hora de definir lo que se considera
un acontecimiento traumático. El DSM-III-R establecía que
el acontecimiento traumático debía estar fuera del rango de
las experiencias humanas habituales (desastres naturales,
violación o tortura). El acontecimiento traumático debe ser
marcadamente estresante para cualquier ser humano. Debe
ser vivido con un miedo intenso, terror y desamparo.
En el DSM-IV se han introducido modificaciones. Se ha
eliminado la parte de la definición que decía que debía ser
más allá de la experiencia humana cotidiana. También se ha
eliminado la exigencia de que el estresor deba producir gran
estrés en cualquier persona. De este modo puede haber
personas que, ante pequeños traumas, respondan de una
manera catastrófica con un TEPT.
Paralelamente, se exponen los criterios diagnósticos
defendidos por la CIE-10 para TEPT:
A.
El paciente ha debido exponerse a un
acontecimiento estresante o situación (tanto

breve como prolongada) de naturaleza
excepcionalmente amenazadora o catastrófica,
que podría causar profunda incomodidad en casi
todo el mundo.
B. recuerdo continuado o reaparición del recuerdo del
acontecimiento estresante en
forma de reviviscencias disociativas ("flashbacks"),
recuerdos de gran viveza, sueños
recurrentes o sensación de malestar al enfrentarse
a circunstancias parecidas o
relacionadas con el agente estresante.
C. evitación de circunstancias parecidas relacionadas
al agente estresante (no presentes
antes de la exposición al mismo).
D. Una de las dos:
1) Incapacidades para recordar parcial o completa,
respecto a aspectos importantes
del período de exposición al agente estresante
2) Síntomas persistentes de hipersensibilidad
psicológica y activación (ausentes antes
de la exposición al agente estresante) puestos de
manifiesto por al menos dos de los
síntomas siguientes:
a) Dificultad para conciliar o mantener el
sueño
b) Irritabilidad
c) Dificultad de concentración
d) Facilidad para distraerse
e) Respuesta de alarma (sobresaltos) y
aprensión exageradas

El trastorno de estrés postraumático es el único
trastorno de cuya etiología estamos seguros: alguien
experimenta personalmente un trauma y desarrolla el
trastorno. Con todo, que una persona desarrolle o no el TEPT
es un aspecto sorprendentemente complejo que asocia
factores biológicos, psicológicos y sociales.
Como en el caso de otros trastornos, en el de
estrés postraumático llevamos nuestra propia vulnerabilidad
psicológica y biológica con nosotros. Cuanto mayor sea ésta,
más probable es que desarrollemos el TEPT. Que haya un
historial familiar de ansiedad sugiere que hay una
vulnerabilidad biológica al TEPT.
Los factores sociales y culturales desempeñan
una función importante en el desarrollo del TEPT. Los
resultados de un gran número de estudios demuestran que, si
usted cuenta con un fuerte grupo de apoyo entre las
personas que lo rodean, es mucho menos probable que
desarrolle el TEPT después del trauma. Contar con un grupo
de personas en torno nuestro que nos quiera y cuide no es
indistinto, ya que influye de forma directa en nuestras
respuestas biológicas y psicológicas al estrés
La psiquiatría actual se ha ocupado de analizar con
amplios estudios epidemiológicos la coexistencia de varias
enfermedades mentales en un mismo individuo. Esto es
especialmente relevante en el TEPT, donde se han descrito
un amplia comorbilidad con otros trastornos mentales. (Eval.
Forense del estrés postraumatico, Alfredo Calcedo Barba.
Univ complut. de Madrid).

5. crisis económica, TEPT y consecuencias

En los servicios de salud públicos y privados llegan cada
vez más consultas por Trastornos psicosomáticos (cefaleas,
dispepsias, insomnio, algias musculares, etc. . . ) vinculados a la
angustia y al estrés que genera la actual situación económica
ya que, los síntomas de ésta, también se manifiestan en el
cuerpo.
La crisis económica y la incertidumbre sobre el
futuro inmediato da lugar, en muchas personas, a un
cuadro patológico en forma de síntomas corporales. Cada
vez son más las personas que sufren trastornos de
ansiedad
y
otras
enfermedades
psicosomáticas
relacionadas con el estrés.
Algunos psiquiatras y psicólogos han advertido sobre
el crecimiento de esta tendencia y opinan que debería
empezar a encararse como un problema de salud pública.
Muchas personas que están en tratamiento tienden a
empeorar y además llegan muchos pacientes nuevos, con
cuadros de angustia, insomnio, depresión, desgana
general, que, en algunos casos puede llegar a producir
cuadros bastante severos llegando a estar presente la
idea de suicidio como tema recurrente. Es especialmente
relevante en las consultas de medicina psicosomática.
Todos tienen una desesperanza manifiesta porque se
caen muchos proyectos y aparecen las consecuencias
físicas:
cefaleas, gastritis, úlceras, hipertensión,
enfermedades
cardiovasculares,
etc
y
además:
sensaciones de ansiedad, baja autoestima y agresividad
que puede afectar a muchas áreas de la vida cotidiana
de cualquier persona y desembocar en un desajuste
emocional importente.
El abuso y dependencia de sustancias puede aparecer
en algunos pacientes como una desgraciada autoterapia con

intención de controlar ciertos síntomas del TEPT como son
los síntomas ansiosos, los trastornos del sueño y el
hiperalerta. Han aumentado las urgencias por ataques de
pánico, que generan temblores, mareos y otras
manifestaciones de ansiedad. En los últimos tiempos los
problemas económicos y la falta de trabajo se han vuelto
protagonistas de muchas consultas: una relación con la
salud mental. Nadie tiene seguridad en relación al
empleo, aumenta la violencia en las calles y esto genera
cuadros de ansiedad o pánico muy severos. En estos
casos se compromete el estado biológico general. Las
manifestaciones corporales reaccionan de acuerdo con la
predisposición de cada persona, pero en general las
fuertes tensiones suelen afectar los órganos de fibra
muscular lisa: corazón, pulmones, tubo digestivo,
vesícula, vejiga, etc. . . También se hace más presente el
insomnio.
Las tensiones profundas ante la situación económica
que se vive en el seno de las familias puede traer toda
una
gama
de
afecciones
psicosomáticas.
Su
desencadenamiento y su evolución están muy influidos por
el estado psíquico del paciente y su personalidad, (médico
y psicoanalista Jorge Ulnik, presidente del Centro de
Estudios Psicosomáticos de la Argentina), además se
detecta una desestabilización del sistema familiar y en
consecuencia una falta de apoyos directos para la persona
que padece el trastorno, habiéndose demostrado también
que la experiencia, después de haber experimentado un
acontecimiento traumático de falta de apoyo incrementa el
riesgo de desarrollar un TEPT.
Sabemos que a lo largo del siglo XX las grandes crisis
económicas (Gran depresión de EEUU de 1929; grandes
guerras, crisis bancaria del 77, etc. ) se asociaron a

repercusiones notables para la salud mental individual y
colectiva, con aumento de enfermedades psicosomáticas,
cardiovasculares, depresiones, suicidios, etc. y puede darse
el caso de que estemos volviendo a reanimar el fantasma de
esas crisis económicas capaces de desestabilizar cualquier
sistema.
En nuestras consultas de medicina psicosomática, los
casos de pacientes que acuden demandando ayuda a
consecuencia de los trastornos que les está ocasionando la
coyuntura económica por la que atravesamos se están
multiplicando de forma alarmante.
Los afectados suelen ser personas de mediana edad con
familia a cargo y buena posición económica hasta hace poco
pero, que han llegado a una situación tal de deterioro que
repercute de forma dramática tanto en el plano físico como
en el psíquico, llegando a manifestarse, en algunos casos,
incluso en forma de idea de autolisis o de intento de suicidio.
Otras personas no la sufren de forma directa, pero el
miedo a padecer sus consecuencias opera en su organismo en
forma de estresor que les desestabiliza de tal modo su
sistema inmunitario, que pueden presentar cualquier tipo de
patología imaginable, si bien las más comunes son la úlcera
gástrica y otras patologías digestivas, la neumonía, las
cardiopatías y las cefaleas migrañosas.
En nuestra experiencia la psicoterapia individual, los
recursos psicofármacológicos, racionalmente utilizados, la
ayuda familiar, y la ayuda "médica" desde el paradigma biopsico-socio-eco-espiritual,
propio
de
la
medicina
psicosomática son fundamentales en el tratamiento médico
de estos trastornos.

Deseamos seguir profundizando
diagnóstica y terapéutica.

en

esta

opción

6. Bibliografía

1. American Psychiatric Association. Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders. 3rd ed.
Washington, DC. American Psychiatric Press, 1980
2. Crocq MA, Crocq L. From shell shock and war
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Trastornos mentales y del comportamiento. Madrid.
Meditor. 1992
13. Eval. Forense del estrés postraumatico, Alfredo
Calcedo Barba. Univ complut. De Madrid.

Manuel Álvarez Romero - Medicina Interna
Antonia Regaña Jiménez ­ Psicóloga
Auxiliadora Chávarri Pérez - Psicóloga
Ana Moreno Gómez ­ Psicóloga
5 de Enero, 2009

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