El daño psíquico que produce un acontecimiento traumático no sólo depende de la naturaleza, la intensidad y la duración de la situación traumática, sino que hay que tener en cuenta factores como la personalidad y el estado emocional de las víctimas así como el nivel de comprensión, apoyo y recursos que reciben de la sociedad. El impacto emocional de una experiencia traumática concreta varía de persona a persona y depende de factores biológicos, psicológicos y sociales. Las conductas que pueden observarse como respuestas a un acontecimiento catastrófico deben comprenderse como un proceso dinámico que evoluciona en el tiempo conforme se van modificando la condiciones ambientales. Nos podremos encontrar etapas o momentos evolutivos distintos, reacciones inmediatas, secuelas agudas y crónicas postraumáticas que incluyen una serie de alteraciones cognitivas, afectivas, psicofisiológicas y relacionales; así como diversos cuadros clínicos bien definidos como el trastorno de estrés postraumático y formas incompletas y/o frustradas del mismo e incluso una alteración persistente de la personalidad, de duración más prolongada e imprecisa. Se trata de una revisión sobre el asunto en el que se analizan los artículos publicados más recientes acerca de las secuelas y clínica que aparecen como respuesta a un acontecimiento catastrófico.