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Regulación de las emociones

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Autor/autores: Mikel Haranburu Oiharbide , Nekane Balluerka Lasa, Arantxa Gorostiaga Manterola, Jesús Guerra Plaza
Fecha Publicación:
Área temática: Psicología general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

Universidad del País Vasco Facultad de Psicología

RESUMEN

Las emociones a veces nos ayudan a lograr el bienestar y otras veces nos impiden alcanzar nuestros objetivos; de ahí que nos afanemos permanentemente en regular las emociones que nos traen la infelicidad. Se utilizan varias estrategias para regular las emociones; algunas de ellas se aplican antes de que aparezca la emoción, y otras se aplican después de que ha surgido la emoción; algunas de esas estrategias son más efectivas que otras, pero no existe ninguna estrategia que sea efectiva en todas las situaciones. Algunas estrategias son más adecuadas en determinadas situaciones y otras son más adecuadas en otras situaciones; por lo tanto, hay elegir de forma flexible las estrategias para regular las emociones. En este artículo analizaremos los siguientes aspectos de la regulación emocional: los hombres y las mujeres tienen habilidades diferentes para regular las emociones; los niños aprenden a lo largo de su desarrollo evolutivo a regular las emociones de una forma cada vez más autónoma; ese desarrollo va unido a la seguridad del apego y a las características de la personalidad; la regulación afectiva está relacionada con el funcionamiento del cerebro (córtex y amigdala); la incapacidad para regular las emociones está relacionada con la psicopatología; el nivel de mentalización y la capacidad reflexiva están relacionados con la resiliencia; las personas pueden regular las emociones de forma consciente o de forma automática; los ideales y las obligaciones de las personas cumplen una función importante a la hora de regular las emociones de forma adecuada; para gestionar de forma adecuada las emociones es bueno compartirlas con los otros; las emociones no se regulan de la misma forma en las diferentes culturas.

Palabras clave: emoción, regulación, estrategia, resiliencia


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REGULACIÓN DE LAS EMOCIONES 

Resumen

Las emociones a veces nos ayudan a lograr el bienestar y otras veces nos impiden alcanzar nuestros objetivos; de ahí que nos afanemos permanentemente en regular las emociones que nos aportan infelicidad. Se utilizan varias estrategias para regular las emociones; algunas de ellas se aplican antes de que aparezca la emoción, y otras se aplican después de que ha surgido la emoción; algunas de esas estrategias son más efectivas que otras, pero no existe ninguna estrategia que sea efectiva en todas las situaciones. Algunas de las estrategias son más adecuadas en determinadas situaciones y otras son más adecuadas en otras situaciones; por lo tanto, hay que elegir de forma flexible las estrategias para regular las emociones. En este artículo analizaremos los siguientes aspectos de la regulación emocional: los hombres y las mujeres tienen habilidades diferentes para regular las emociones; los niños aprenden a lo largo de su desarrollo evolutivo a regular las emociones de una forma cada vez más autónoma; ese desarrollo va unido a la seguridad del apego y a las características de la personalidad; la regulación afectiva está relacionada con el funcionamiento del cerebro (corteza y amígdala); la incapacidad para regular las emociones está relacionada con la psicopatología; el nivel de mentalización y la capacidad reflexiva están relacionados con la resiliencia; las personas pueden regular las emociones de forma consciente o de forma automática; los ideales y las obligaciones de las personas cumplen una función importante a la hora de regular las emociones de forma adecuada; para gestionar de forma adecuada las emociones es bueno compartirlas con los otros; las emociones no se regulan de la misma forma en las diferentes culturas.

Palabras clave: emoción, regulación, estrategia, resiliencia

 

Abstract

The emotions sometimes help us to achieve the well-being and sometimes prevent us from achieving our goals; therefore, we constantly strive to regulate the emotions that bring us unhappiness. Several strategies to regulate emotions are used; some of these strategies are applied before the emotion appears, and others are applied after the emotion has arisen; some of these strategies are more effective than others, but there is no strategy that is effective in all situations. Some strategies are more appropriate in certain situations and other strategies are more appropriate in other situations; therefore, we have to choose flexibly strategies to regulate emotions. In this article we will analyze the following aspects of emotional regulation: men and women have different abilities to regulate emotions; children learn throughout their evolutionary development to regulate emotions in an increasingly autonomous manner; this development is linked to the security of attachment and characteristics of personality; affect regulation is related to the functioning of the brain (cortex and amygdale); inability to regulate emotions is related to psychopathology; the level of awareness and reflective capacity are related to resilience; people can regulate emotions consciously or automatically; ideals and obligations of persons play an important role in regulating emotions properly; sharing emotions with others is good to regulate them properly; emotions are not regulated in the same way in different cultures.

Keywords: emotion, regulation, strategy, resilience

Introducción

Algunas veces las emociones nos ayudan a vivir mejor o a sobrevivir, pero otras veces las emociones son destructivas o nos confunden. A veces las emociones nos proporcionan ayuda valiosa sobre el entorno y nos ayudan a dar una respuesta rápida ante situaciones amenazantes; en esos casos decimos que las emociones son funcionales. Pero las emociones de las personas a menudo no suelen ser funcionales y no suelen adaptarse bien al entorno; emociones que han resultado ser beneficiosas durante milenios, puesto que se adaptaban bien al entorno, pueden resultar perjudiciales cuando cambia el entorno (1). Por lo tanto, algunas emociones nos ayudan a lograr nuestros objetivos y a ser felices, pero otras emociones nos impiden el logro de los objetivos y del bienestar, o destruyen el bienestar que habíamos logrado.

Lazarus (2) distinguía las respuestas emocionales primarias y las secundarias. Las respuestas emocionales primarias son las respuestas inmediatas o las respuestas no reguladas que damos a situaciones importantes desde el punto de vista emocional. Las respuestas emocionales secundarias son las que están relacionadas con la capacidad para modular la respuesta primaria o con la habilidad para regular las emociones (3).

Cuando las emociones que quisiéramos tener no concuerdan con las que realmente tenemos, tenemos que controlarlas, reforzar sus aspectos positivos y combatir sus aspectos negativos, aumentar la intensidad de algunas emociones y reducir la intensidad de otras; es necesario controlar las emociones, sobre todo las emociones negativas intensas, si queremos tener buenas relaciones con las personas del entorno (4). No debemos mostrar las emociones de una manera impulsiva; hay que regularlas y mostrarlas de una manera civilizada; para ello, es necesario ser consciente de la relación entre las emociones, las cogniciones y el comportamiento y tener en cuenta el impacto que tiene nuestras expresiones afectivas o emocionales en las otras personas; asimismo, es necesario ser capaz de soportar frustraciones y ser capaz de postergar el logro de los refuerzos.

La regulación de las emociones no es buena o mala en sí; la clave está en la estrategia utilizada para su regulación: algunas estrategias son saludables, y otras, no tanto; algunas estrategias son más adaptativas que otras; pero su carácter saludable o beneficioso depende tanto del entorno en el que se aplica la estrategia como del tipo de estrategia utilizado; puede que estrategias que son adaptativas en ciertos medios, no lo sean en otros. Es necesario elegir con flexibilidad las estrategias para regular las emociones si se quiere lograr el bienestar de la persona; cuando no hay flexibilidad en la selección de esas estrategias es cuando sobrevienen las psicopatologías (5) (6).

Regulación emocional

La regulación emocional nos ayuda a gestionar nuestro estado anímico y emocional. Podemos mantener el estado emocional en el que nos encontramos, podemos cambiar ese estado, podemos aumentar o reducir la intensidad de nuestro estado emocional y podemos prolongar o acortar la duración de nuestro estado emocional. Así, a menudo tratamos de mantener las emociones positivas o de hacer desaparecer las emociones negativas. Tratamos de dar una mayor o menor intensidad o duración a nuestros estados afectivos o procesos fisiológicos internos, con la finalidad de lograr unos objetivos (7). La regulación emocional controla el tipo de emociones que experimentamos, así como el momento y el lugar en el que las experimentamos.

En el proceso de regulación emocional se pueden distinguir cuatro niveles (8):

Una persona predice que la situación en la que se encuentra le producirá emociones negativas: trata de cambiar esa situación o de trasladarse a una nueva situación.

Si se quiere cambiar o evitar la situación que le ha producido la emoción, tratará de focalizar la atención lejos de los estímulos que le han producido las emociones negativas. Por ejemplo, se puede centrar en el trabajo, tratando de olvidar su fracaso afectivo.

Si una persona está obligada a prestar atención a la situación que le produce emociones negativas, puede realizar un cambio cognitivo: cambia la evaluación cognitiva de la situación y la reinterpreta para que genere menos emociones negativas.

Modulación de la respuesta: manipula las expresiones fisiológicas de las emociones, las expresiones de las experiencias emocionales y las expresiones comportamentales.

Si se actúa en los primeros tres niveles la regulación precede a la constitución de la emoción; si se actúa en el último nivel, la regulación se efectúa después de la aparición de la emoción. Las estrategias de regulación emocional son más efectivas si se aplican en los niveles iniciales del proceso de formación de la emoción (9).

Nuestros estados emocionales suelen ser bastante complejos y a menudo es difícil distinguir las emociones del polo positivo y las emociones del polo negativo; combinados con afectos positivos encontramos afectos no tan positivos; combinados con afectos negativos encontramos afectos no tan negativos; así, muchas veces, el conocimiento del nivel de felicidad de una persona no nos permite predecir su nivel de tristeza; a menudo existe una baja correlación entre los afectos de valencia positiva y los afectos de valencia negativa.

Por eso, debemos superar el modelo de los afectos bipolares y pasar al modelo de afectos independientes; a menudo, personas que son hábiles en regular las emociones positivas no suelen serlo cuando se trata de regular las emociones negativas; para tratar de equilibrar a una persona que está bajo los efectos de un afecto negativo no basta con incrementar sus afectos positivos. Hay que tratar los afectos negativos a la vez que se fomentan los afectos positivos.

Estrategias de regulación emocional

Podemos distinguir dos tipos de estrategias: la reevaluación que pone la atención en los factores que preceden a los afectos y la supresión que focaliza la atención en las respuestas producidas por los afectos:

Las estrategias focalizadas en los antecedentes se aplican antes de que se active la respuesta emocional; entran dentro de este tipo de estrategias la selección de la situación, el cambio de la situación, la ampliación de la atención y el cambio cognitivo o la reevaluación.

La estrategia focalizada en las respuestas se aplica después de la formación de la emoción o después de la activación de la respuesta.

Le reevaluación actúa en la fase precoz del proceso de formación de las emociones (10); cambia la forma de construir el estado emocional, con el objeto de reducir su impacto. Se centra en los antecedentes de la respuesta emocional: en la situación y el contexto en el que se genera la emoción, en la fase previa a la respuesta emocional, en la fase previa al cambio que produce la emoción en la conducta o en la respuesta fisiológica; centrada en esos antecedentes, trata de cambiar las respuestas emocionales del futuro. Trata de cambiar lo que piensa la persona sobre el estado emocional; construye de forma diferente la situación que produce la emoción, con el objeto de variar su impacto en las emociones (11).

La estrategia de la reevaluación focaliza la atención en la información sobre las emociones; expresa en términos afectivamente neutros la situación que es importante desde el punto de vista emocional; cambia o reinterpreta el significado semántico de la situación emocional; por ejemplo, una persona que tiene una entrevista de trabajo considera que esa entrevista es una oportunidad para aprender, y no un test que se pueda aprobar o suspender.

La estrategia de la supresión se aplica en una fase tardía de la formación de las emociones (12); focaliza la atención en las respuestas emocionales y en los cambios corporales que ocurren después de la generación de la emoción; inhibe las señales que exteriorizan los sentimientos internos; disminuye la expresión emocional o la conducta que muestra la emoción, después de que la persona se haya emocionado (12). En la estrategia de la supresión la persona inhibe la conducta elicitada por la emoción, después de la activación afectiva; pero el hecho de reducir la conducta expresiva no disminuye la experiencia emocional; aunque no exprese abiertamente la emoción, tiene una mayor reactividad emocional.

Consecuencias de las estrategias de regulación emocional

Es necesario conocer las consecuencias de las estrategias de regulación emocional si se quiere comprender el mecanismo básico de la regulación.

La reevaluación cognitiva atenúa la experiencia subjetiva de la emoción desagradable y limita la conducta expresiva elicitada por el afecto negativo; aumenta la emoción positiva y se relaciona con una mejor salud psicológica (13); reduce la actividad de la rama simpática del sistema nervioso autónomo (10); es efectiva cuando se trata de regular las emociones y utiliza pocos recursos cognitivos para la auto-regulación; así, los que utilizan la reevaluación cognitiva tienen a su disposición la memoria y otros recursos cognitivos, en situaciones emocionalmente importantes; en consecuencia, logran mejores resultados en actividades de la memoria que los que utilizan la estrategia de la supresión (14). La reevaluación es una estrategia más efectiva que la supresión y tiene menos efectos perjudiciales; puede cambiar la respuesta emocional total: la experiencia emocional, la fisiología emocional y la conducta elicitada por la emoción; así, si se construye de una forma positiva un situación que es muy estresante, elicitará una experiencia emocional más positiva. Sin embargo, la reevaluación no es siempre efectiva: aunque resulta exitosa en situaciones de poca tristeza, no lo es tanto en situaciones de tristeza de alta intensidad, porque utiliza más recursos cognitivos.

La supresión desactiva la conducta expresiva elicitada por la emoción, tanto en el caso de la conducta emocional negativa como en el caso de la conducta emocional positiva; atenúa la experiencia positiva de las emociones, pero no reduce la experiencia subjetiva de la emoción negativa y la actividad fisiológica que genera la emoción (13). La estrategia de la supresión regula la respuesta emocional a medida que se va generando; incrementa la actividad del sistema simpático y la respuesta fisiológica (los latidos cardiacos y la conductancia de la piel) (10); en general, las personas emocionalmente no expresivas tienen una mayor reactividad fisiológica, en comparación con las personas emocionalmente expresivas; cuanto más supriman las emociones, más emociones negativas sentirán; la supresión crea un desacuerdo entre la experiencia interna y la expresión externa; provoca una pérdida del sentimiento de autenticidad e impide el desarrollo de las relaciones cercanas (15); eso puede provocar el sentimiento de que uno no es auténtico y puede generar sentimientos negativos hacia uno mismo (13).

El que utiliza la estrategia de supresión debe realizar un gran esfuerzo cognitivo, porque tiene que esmerarse en controlarse a sí mismo; eso desgasta los recursos cognitivos de la persona y dificulta la conservación de la información social en la memoria mientras esté activada la emoción, así como la adaptación al contexto social (14). La supresión no es tan eficaz como la reevaluación a la hora de regular los afectos.

Aunque el análisis de las estrategias utilizadas para la regulación emocional es un fenómeno reciente, muchos estudios han concluido que para regular las emociones negativas es mejor reevaluar el significado de los acontecimientos negativos que suprimir las expresiones negativas (16) (17); que la reevaluación es la mejor estrategia para mejorar los indicadores afectivos, cognitivos y sociales del funcionamiento adaptativo y saludable (16) (17). Algunas estrategias de regulación (la rumiación y la supresión) se muestran relacionadas con la psicopatología y otras (reevaluación, resolución de problemas) están relacionadas con la resiliencia (1); pero no se puede decir incondicionalmente que algunas estrategias son siempre adaptativas o que otras no lo son nunca; las estrategias de regulación de emociones tienen consecuencias diferentes dependiendo del contexto en el que se utilizan.

Al elegir la estrategia de regulación de las emociones hay que analizar en qué situación se encuentra la persona reguladora y las consecuencias que van a tener en esa situación las estrategias que vaya a utilizar. Así,

La estrategia de reevaluación, que normalmente es adaptativa, no ha resultado ser adaptativa en situaciones de alta intensidad emocional (18); las personas prefieren utilizar la reevaluación en situaciones de baja intensidad de emociones negativas; pero en situaciones que generan emociones negativas de alta intensidad prefieren utilizar la distracción (18) (19) (20). La tendencia a reevaluar los estímulos de baja intensidad y a distraerse de los estímulos de alta intensidad se mantiene incluso cuando se refuerza con dinero a los participantes por cambiar de actitud (21). Por medio de la distracción se puede modular la información emocional de alta intensidad, pero esa estrategia no permite procesar, evaluar y recordar la información emocional. Si se activan los objetivos a largo plazo de la persona, se fomenta la reevaluación, ya que ésta permite una adaptación duradera, proporcionando un significado alternativo a los sucesos emocionales.

Aunque se considera que la distracción es una estrategia adaptativa, no se la considera adaptativa como estrategia a largo plazo (22).

La estrategia de la supresión se considera adaptativa cuando hay que afrontar situaciones muy difíciles; puede ser perjudicial cuando es necesaria una adaptación a largo plazo, pero puede ser beneficiosa cuando la situación es muy mala o ante estímulos emocionales que aparecen solamente una vez; además, no se considera que la supresión sea tan inadecuada para personas que viven en culturas orientales, comparadas con las que viven en culturas occidentales (23). Las personas que se relacionan con personas que inhiben la expresión emocional sienten estrés, tal como se puede percibir en las respuestas fisiológicas (24); relacionarse con personas que utilizan la supresión eleva más la presión sanguínea que relacionarse con personas que utilizan la reevaluación (25).

La estrategia de rumiación no es aparentemente adaptativa, pero se la considera adaptativa en situaciones que exigen mantener un objetivo simple ante la distracción o en situaciones en las que los estímulos aparecen frecuentemente (26).

Según los estudios que hemos mencionado, observamos que las estrategias de regulación emocional tienen diferentes resultados en contextos diferentes; por eso, es necesario que la persona sea flexible a la hora de elegir las estrategias correspondientes a los diferentes contextos; el bienestar psicológico exige adaptar flexiblemente las estrategias de regulación a las exigencias de cada entorno (27) (5) (28).

Diferencias de género en la regulación emocional

Está muy extendida la teoría que dice que la mujer es más emocional que el hombre; pero los resultados de los estudios que vienen a confirmar esa teoría no son tan numerosas; según algunos estudios las mujeres proporcionan más respuestas emocionales que los hombres (29) (30) y expresan las emociones más frecuentemente que los hombres (31), pero esas investigaciones están basadas en la autoevaluación y ese tipo de evaluación tiende a reflejar los estereotipos existentes (32); cuando se eliminan los sesgos de investigación no aparecen grandes diferencias entre las respuestas emocionales de hombres y mujeres (33); pocas de las investigaciones que han utilizado respuestas fisiológicas para evaluar las emociones han mostrado diferencias entre las respuestas emocionales de hombres y mujeres; en muchos de los estudios no han aparecido diferencias de género (34).

Para decidir sobre el tipo de respuesta emocional hay que tener en cuenta dos aspectos (27): la reactividad emocional y la regulación emocional. La reactividad emocional trata de la intensidad emocional, cuando no se ha alterado aún la emoción; trata sobre cómo reacciona la persona ante la emoción. La regulación emocional trata sobre cómo se actúa en la emociones, cómo se viven y se expresan las emociones. Pocos de los estudios llevados a cabo para analizar las diferencias de género han diferenciado la reactividad emocional y la regulación emocional; en consecuencia, cuando se hallan diferencias no se sabe si las mismas son del nivel de la reactividad o del nivel de la regulación; de ahí la necesidad de diferenciar ambos niveles cuando se estudian las diferencias de hombres y mujeres en el plano emocional (35).

Las amígdalas de los cerebros de los hombres y de las mujeres responden de una manera similar ante imágenes negativas, pero los hombres regulan mejor esa respuesta; la región prefrontal de los hombres muestra una actividad significativamente más débil, al regular cognitivamente las emociones; las mujeres muestran mayor actividad del estriatum ventral al regular las emociones negativas. El estriatum ventral aparece implicado en procesos relacionados con los premios: es más activo cuando la persona procesa estímulos positivos (36) (37). A la hora de regular las emociones se atenúa más la actividad de la amígdala de los hombres que la de las mujeres; asimismo, los hombres muestran menor actividad de la región prefrontal que las mujeres (35). Parece que las mujeres utilizan más frecuentemente las emociones positivas para regular las emociones negativas (38); las mujeres procesan las emociones de una forma más compleja: evalúan la situaciones de modo positivo y negativo (39).

Las mujeres muestran más trastornos afectivos que los hombres (40); muestran más a menudo la depresión mayor ante sucesos estresantes (41); muestran más depresión y más trastornos de ansiedad que los hombres (42) (43). Las mujeres utilizan más frecuentemente que los hombres la rumiación para hacer frente a las emociones negativas (44).

Desarrollo de la regulación emocional

Cuando el niño es muy pequeño son los educadores los que regulan las emociones del niño; pero, poco a poco, aprende a regular de forma autónoma sus emociones. Para los tres meses el niño ya ha adquirido algunos mecanismos para tranquilizarse: chupar, moverse, llorar. Entre los tres y los seis meses aprende a distraerse, a alejar la atención de los estímulos negativos. Cuando tiene aproximadamente un año, actúa de una forma más activa para controlar su activación emocional; acepta la ayuda de las personas de entorno para controlar su estado emocional (45) (46). En el segundo año de su vida utilizará estrategias específicas para regular el estado afectivo y comenzará a autocontrolar su comportamiento, aunque no logrará controlar del todo sus afectos y comportamientos (47). En la base de estos cambios se encuentran el desarrollo motor, el desarrollo del cerebro, el desarrollo de la capacidad de representación y el desarrollo de las habilidades lingüísticas. Cuando cumple los tres años el niño es capaz de controlar la activación y la reactividad emocional en diferentes entornos (48).

Si se quiere comprender el desarrollo del control de las emociones hay que analizar los factores internos y externos. Entre los factores internos tenemos el temperamento (la disposición) y el sistema nervioso y fisiológico que están en la base del proceso de control de las emociones; así, la maduración de la corteza frontal permite al niño regular sus emociones. Entre los factores externos tenemos: la forma en que los cuidadores socializan las respuestas emocionales del niño y la forma en que se desarrollan las relaciones entre los educadores y el niño (49); los niños aprenden a utilizar las estrategias para reducir la activación emocional, gracias a las relaciones con sus padres; para que el niño pueda regular bien sus emociones en la niñez los educadores tienen que contener al niño de forma segura y flexible (49); para avanzar en el desarrollo de las emociones el niño necesita tener un apego seguro a los padres.  

Apego y regulación emocional

La persona tiende a establecer relaciones afectivas con las personas que le alimentan, le cuidan y le quieren. Cuando repite una y otra vez las experiencias que tiene con las personas del entorno, nacen en el niño determinadas expectativas hacia ellas; esas expectativas le permiten predecir e interpretar el comportamiento de los otros y responder a ese comportamiento. Las relaciones de apego tienen mucha influencia en la capacidad de regulación del estrés del niño (50).

Dependiendo de las expectativas que tiene el niño hacia las personas del entorno cercano, se generan los siguientes estilos cognitivos y las siguientes emociones específicas:

Apego seguro: los niños tienen una imagen agradable de los padres y piensan que pueden acudir a ellos en situaciones de estrés, porque tienen un buen recuerdo de las experiencias de apego (51). Sienten que la imagen protectora está cerca y eso les proporciona un sentimiento de seguridad; tienen una imagen positiva de sí mismos. Muestran poca ansiedad, depresión y conductas de evitación, porque confían en la figura de apego (52); tienen muchas emociones de confianza, placer, tranquilidad y alegría.

Los que tienen un apego seguro responden de forma constructiva al estrés: no consideran que la información potencialmente estresante sea amenazadora; buscan más a menudo el apoyo afectivo de los cuidadores, cuando se encuentran en situación de estrés, porque piensan que aquellos están dispuestos a proporcionar un soporte emocional e instrumental; utilizan herramientas constructivas para afrontar los problemas, exploran tranquilamente los entornos y estímulos novedosos y muestran menos hostilidad hacia los otros (53).

Utilizan las siguientes estrategias para regular las emociones: acercarse a los demás, ser miembros de grupo, explorar el entorno, expresión abierta de las emociones y búsqueda de apoyo social.

Apego evitativo: las figuras protectoras no están dispuestas a ayudar, no responden a las necesidades del niño y el niño no logra un apego seguro hacia ellas; los padres rechazan y castigan las expresiones afectivas del niño y responden con rabia a sus protestas; así, el niño aprende que la expresión afectiva es perjudicial y evita las conductas castigadas (54).

El niño construye una imagen negativa de sí mismo y de los otros, y no se acerca a los demás en busca de seguridad (55); muestra emociones de miedo, ansiedad, hostilidad, rabia y desconfianza; evita el contacto corporal; no muestra ansiedad y enfado al desaparecer el cuidador; se muestra indiferente cuando vuelve el cuidador; se relaciona a distancia y evita el contacto; no se muestra seguro con las figuras de apego (56); aunque parezca que el alejamiento de los padres no le preocupa, muestra signos fisiológicos indicativos de ansiedad; tiene el sistema autonómico muy activado y esa activación dura más que la de la persona de apego seguro (57). La persona con apego evitativo-ansioso tiene problemas para gestionar bien las emociones en sus relaciones con las personas del entorno (58). Rechaza los pensamientos y recuerdos dolorosos de una forma defensiva; no reconoce su hostilidad y disocia el nivel consciente e inconsciente de la respuesta (53).

Utiliza las siguientes estrategias de regulación emocional: inhibición de la expresión de las emociones, alejamiento de las emociones y de los afectos, rechazo de los recuerdos y representaciones dolorosas, supresión de las emociones negativas, alejamiento de las figuras de afecto.

Las personas de un nivel alto de represión no conocen y no verbalizan sus emociones; muestran más reactividad fisiológica y menos habilidad cognitiva y social (59). Las personas con apego evitativo aprenden desde pequeñas que no es eficaz mostrar emociones negativas hacia las figuras de apego; aprenden a inhibir las pulsiones de las emociones negativas y se automatiza su proceso de inhibición (60); las personas evitativas tienen dificultades para recordar las emociones negativas y muestran mayor reactividad fisiológica (61).

Las personas a menudo se defienden de la experiencia de las emociones negativas, puesto que esas experiencias emocionales pueden ser incompatibles con la imagen del self ideal. Shedler, Mayman y Manis (62) identificaron a personas que contaban pocas experiencias de emociones negativas, aunque aparecían trastornos psicológicos en sus recuerdos infantiles; esas personas mostraban más ansiedad implícita y más reactividad fisiológica en tareas de estrés medio que otros participantes, aunque informaran de menos emociones negativas.

Apego ambivalente: la conducta afectiva de los padres es variable y el niño no puede predecir cómo responderán los padres; el niño siente una gran ansiedad cuando se alejan los padres y le cuesta mucho tranquilizarse cuando regresan los padres; muestra muchos sentimientos de rabia, miedo, enfado y preocupación ante los padres; mucha ansiedad, inseguridad, miedo al rechazo y baja evitación (63).

Utiliza las siguientes estrategias para regular las emociones: acercamiento a las figuras de afecto, rumiación, excesiva activación del organismo, inhibición de las emociones, atención permanente a las emociones negativas, excesiva vigilancia, atención directa al estrés.

Las personas con apego inseguro muestra significativamente menos emociones e inhiben más las emociones que las personas con apego seguro; no se acercan a los demás para escapar del estrés; muestran poca tendencia a acercarse a los demás en busca de ayuda (64).

Las estrategias que se utilizan para regular las emociones están de acuerdo con los estilos de apego (65) (51). A través del análisis por separado de las experiencias de afectos positivos y afectos negativos, hemos visto lo siguiente: las personas de apego seguro informan de más afectos positivos y las personas de afecto ambivalente informan de más afectos negativos. Las personas de apego evitativo muestran un nivel bajo del nivel total de experiencia emocional y un nivel bajo de emociones positivas (66).

Si el niño ha regulado bien las emociones en su niñez, gracias a un apego seguro, posteriormente mostrará de forma correcta sus emociones; será afectivamente expresiva; mostrará ganas y curiosidad para explorar; mostrará flexibilidad emocional; adecuará al entorno la expresión de sus impulsos y pedirá la ayuda de los demás cuando sea necesaria.

Regulación de las emociones y características de la personalidad

Se pueden utilizar varias estrategias para regular las emociones y las personas se distinguen de acuerdo a esas estrategias; por un lado, las diferencias interpersonales en la regulación emocional o en la reacción a las emociones aparecen en la niñez y tienen una gran carga genética (67); por otra parte, la reactividad emocional y la regulación emocional están relacionadas con los rasgos más importantes de la personalidad (68).

Gracias a la dimensión de conciencia de la personalidad controlamos las pulsiones y nos comportamos de acuerdo a las exigencias de la sociedad; respetamos las normas y demoramos o postergamos la recepción de los refuerzos; como somos capaces de predecir, elegimos la situación que pueda facilitar el logro de nuestros objetivos, tratamos de cambiar las malas situaciones, y cuando no podemos cambiar o elegir la situación, alejamos la atención de los estímulos negativos; pero la dimensión de la conciencia tiene poca relación con las estrategias de reevaluación y supresión (69).

Las personas con un nivel alto en neuroticismo pensarían que es difícil cambiar sus emociones, que las emociones son fuertes e inmutables (70); en consecuencia, se esforzarían menos en la regulación de las emociones; tendrían poca capacidad para desviar la atención; tendrían más tendencia a rumiar las emociones negativas y reforzarían las emociones negativas (71). La reevaluación tiene una correlación negativa con el neuroticismo (69): los que tienen un nivel bajo de neuroticismo tienden más a utilizar la reevaluación al regular las emociones negativas.

La supresión no aparece relacionada con el neuroticismo; la experiencia emocional negativa que aparece relacionada con la supresión tiene otro origen; una persona no utiliza la supresión porque tiene más emociones negativas; al contrario, la utilización de la supresión le lleva a sentir que no tiene autenticidad y se invalida a sí misma; en consecuencia, siente emociones negativas y depresión (72).

El precursor de la supresión en la personalidad es la extraversión; la baja extraversión y la timidez se muestran relacionadas con la supresión (73) (74). La dimensión de la extraversión conduce a la persona a lograr sus objetivos, a ser líder, a influenciar a los demás, a mostrar libremente las emociones positivas y negativas (75). Las personas extravertidas no tienen mucha tendencia a elegir voluntariamente las situaciones, ya que se dirigen hacia los estímulos positivos, sin tener en cuenta los estímulos negativos; pero se predice que hay una relación positiva entre el cambio de la situación y la extraversión; la persona extravertida utilizaría su energía, su expresividad emocional y sus habilidades sociales para cambiar la situación (69).

Una de las facetas de la dimensión de la Apertura es la apertura a los sentimientos. El estar abierto a los sentimientos significa que aceptamos nuestras emociones, las tenemos por auténticas, que merecen nuestra atención y que nos consideramos capaces de regularlas. La apertura estaría positivamente relacionada con la reevaluación y negativamente relacionada con la supresión (69). En lo que respecta a la elección de la situación y al cambio de la situación, las personas abiertas se muestran interesadas en las situaciones nuevas y estimulantes, aunque esa situación genere a veces emociones negativas (76).

En lo que respecta a la dimensión de la Amabilidad, no se predicen mayores diferencias en la regulación emocional; no se observa que la amabilidad esté relacionada con las escalas de reevaluación y supresión (69); pero las personas que son muy amables se centran más en los intereses de los demás y no se esforzarán demasiado en el cambio de la situación, con el objeto de regular sus emociones; si otra persona se encuentra en necesidad de ayuda, la persona amable le ofrecerá ayuda, aunque eso le genere emociones negativas.

La regulación de afectos desde el punto de vista de las neurociencias

Sabiendo que existe una relación significativa entre el cerebro y la conducta afectiva, la neurociencia de los afectos se esfuerza por aclarar los fundamentos cerebrales de la respuesta emocional.

Hasta hace poco se ha utilizado una perspectiva “de abajo hacia arriba” para comprender el proceso de las emociones: se han solido observar las características afectivas de los estímulos y se les ha concedido poca importancia a los procesos cognitivos superiores; para la perspectiva “de abajo hacia arriba” el estímulo tienen unas características intrínsecas o condicionadas por el aprendizaje, que generan emociones (77); según esta perspectiva, la observación de determinados estímulos genera necesariamente emociones. Son la amígdala, la cara ventral de estriatum (nucleus accumbens) y la ínsula los que evalúan las características afectivas de los estímulos (78). La información de los estímulos viaja a través del tálamo hasta la amígdala y la amígdala se ocupa de predisponer a la persona a acercarse al estímulo o a alejarse del estímulo.

Para la perspectiva “de arriba hacia abajo”, la emoción es el resultado de unos procesos cognitivos; por medio de esos procesos cognitivos se interpreta el significado de los estímulos en el contexto de los objetivos, necesidades y deseos de la persona (79); en el proceso cognitivo “de arriba hacia abajo” se cambian las evaluaciones afectivas iniciales; al cambiar el marco cognitivo, se reinterpreta el significado de los estímulos; según las circunstancias, se puede evaluar el mismo estímulo como amenazante o como beneficioso; en lugar de activar la relación estímulo-respuesta de forma automática, la persona puede regular sus emociones, utilizando procesos psicológicos de alto nivel: atención selectiva, memoria de largo plazo, memoria de trabajo. Estos procesos de alto nivel se han solido producir en la región prefrontal y en la corteza cingulada; la amígdala traslada la información a la corteza orbito-frontal y a la corteza cingulada anterior; la corteza cingulada reprocesa la información por medio de la corteza prefrontal lateral (corteza prefrontal ventro-lateral, corteza prefrontal dorsolateral y corteza prefrontal rostrolateral). El área de Broca está también implicada, porque los procesos reguladores “de arriba hacia abajo” se basan en el lenguaje privado. El procesamiento que realizan las regiones de la corteza prefrontal está relacionado con la reflexión (80).

Según el modelo que integra las perspectivas “de abajo hacia arriba” y “de arriba hacia abajo”, la amígdala procesa de abajo hacia arriba las características afectivas del estímulo y la corteza prefrontal y cingulada evalúan de arriba hacia abajo los estímulos (81).

El estilo afectivo trata de los parámetros que gobiernan las características permanentes y la reactividad emocional de la persona (82) (Davidson, Putnam & Larson, 2000); los estilos afectivos tratan de las diferencias en la regulación de las emociones. El circuito que recorren las emociones en el cerebro está relacionado con el estilo afectivo y lo componen las siguientes estructuras: la región dorsolateral y ventral de la corteza prefrontal, la amígdala, el hipocampo y la ínsula (83) (Davidson, 2000).

La corteza prefrontal cumple las siguientes funciones:

Se ocupa de la regulación de las emociones y regula el tiempo para su recuperación.

Representa los objetivos de la persona y los recursos para conseguir esos objetivos. La región dorsolateral de la corteza prefrontal recuerda lo que hay que hacer para conseguir el objetivo e inhibe las actividades que están en competencia con ese objetivo. Gracias a la corteza prefrontal la persona prevé los resultados de futuro y las respuestas emocionales.

La corteza prefrontal inhibe la actividad de la amígdala (84) y la persona que tiene dificultades para inhibir las emociones negativas puede actuar de forma agresiva (85); si la corteza prefrontal no inhibe a la amígdala, la amígdala generará una potente respuesta negativa ante la amenaza (84).

Gray (86) distinguió tres sistema de control de las emociones: el sistema de inhibición de la conducta (BIS: Behavioural Inhibition System), el sistema de la activación de la conducta (BAS: Behavioural Activation System) y el sistema de lucha/huida (FFS: Fight-Flight System):

El sistema de inhibición de la conducta (BIS) responde a las señales de castigo y tiene mucha sensibilidad hacia los estímulos negativamente condicionados. Ayuda al organismo a alejarse de los estímulos perjudiciales. La persona con un fuerte BIS tiene una gran ansiedad.

El sistema de la activación de la conducta (BAS) activa las conductas de aproximación y responde a las señales de los premios. Es el centro cerebral de los premios, por lo que tiene una gran sensibilidad por las recompensas y por las señales condicionadas con premios. Fomenta los afectos positivos relacionados con el logro de los objetivos. El BAS está en la base de la impulsividad y es la dopamina el neurotransmisor más implicado en su funcionamiento.

El sistema de lucha/huida (FFS) está implicado en el ataque defensivo y en la huida. Se sitúa en el hemisferio derecho, sobre todo en el hipotálamo y en la amígdala.

Los componentes más importantes del sistema de aproximación son la corteza prefrontal, los núcleos de la base y el núcleo accumbens. Los componentes principales del sistema de inhibición o evitación son la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo (87).

El polo frontal del hemisferio izquierdo está relacionado con el sistema de aproximación (88) y el afecto positivo; las personas que tienen la región prefrontal izquierda tónicamente muy activada tienen más afectos positivos, superan más fácilmente las emociones negativas y las situaciones de estrés; los que tienen lesiones en esa región tienen más síntomas relacionados con la depresión que las personas que tienen las lesiones en zonas alejadas de esa región (89); las personas que tienen hipoactivada la región prefrontal del hemisferio izquierdo tienen deteriorada la capacidad de regular las emociones negativas (90).

La región frontal del hemisferio derecho está relacionada con el sistema de evitación (88), con los afectos negativos y el sistema de inhibición; ayuda a escapar de las situaciones amenazantes; genera sentimientos de miedo y de asco. Las personas que tienen tónicamente muy activada la región prefrontal del hemisferio derecho tienen más afectos negativos y los que tienen lesiones en esa región muestran más fácilmente síntomas de manía (91).

La corteza cerebral de las personas suele ser asimétrica y esa asimetría genera rasgos psicológicos y estilos afectivos determinados; el tener activada la parte derecha o la parte izquierda de la corteza prefrontal marca diferencias en el estilo afectivo de la persona. La persona con predominio del lóbulo prefrontal izquierdo muestra más frecuentemente afectos positivos; la persona con predominio del lóbulo prefrontal derecho muestra más frecuentemente afectos negativos (92). Las personas que tienen la corteza prefrontal derecha más activada muestran más frecuentemente afectos negativos; por ejemplo, las personas con fobia social muestran más actividad en la corteza prefrontal derecha que las personas normales, cuando prevén una situación de ansiedad (93); las personas que realizan una dieta crónica muestran mayor actividad tónica de la corteza derecha y una mayor inhibición del comportamiento (94). Las personas que tienen más activada la corteza prefrontal derecha muestran más dificultades para hacer desaparecer las emociones negativas (95). Las personas con una corteza prefrontal izquierda más activada muestran más frecuentemente afectos positivos (96). Las personas depresivas muestran una menor activación tónica de la corteza prefrontal izquierda (97). Aun así, hay que decir que la simetría prefrontal no es suficiente para explicar las situaciones emotivas específicas; la asimetría favorece una predisposición, pero las condiciones del entorno activarán una actitud u otra (modelo de diátesis).

Cuando nos amenazan las opiniones o las conductas de otras personas aparecen en nosotros sentimientos de temor; las personas ansiosas tienen una amígdala más activada y vigilan demasiado el entorno al afrontar las nuevas situaciones (98); por ejemplo, las personas con trastorno de estrés postraumático tienen la amígdala más activada (99); las personas de conducta inhibida tienen una amígdala hiperactivada, en situaciones en las que perciben una amenaza; las personas depresivas focalizan su atención en los estímulos negativos. Cuando utilizamos la reevaluación activamos tempranamente la región frontal y en consecuencia se activan poco la amígdala y la ínsula. Cuando utilizamos la supresión, se activa tardíamente la región frontal y en consecuencia se refuerza la actividad de la amígdala y de la ínsula. La región prefrontal y el circuito de la amígdala cumplen una función importante a la hora de regular las emociones y a la hora de modular la vulnerabilidad a la psicopatología.

El hipocampo guarda los acontecimientos en el depósito o en el almacén de la memoria a largo plazo; está asociado con el aprendizaje emocional relacionado con el entorno. El hipocampo y la corteza prefrontal ventromedial regulan la expresión de las respuestas de miedo (100); los niños que han vivido durante mucho tiempo en situaciones traumáticas pierden la capacidad de regular las emociones; el estrés aumenta el nivel del cortisol y eso altera las células del hipocampo (99). Algunas depresiones producen hiperactividad y contracción del hipocampo (101).

Inteligencia emocional, regulación de las emociones y psicopatología

La capacidad para diferenciar las emociones está directamente relacionada con la habilidad para regularlas; dicho de otro modo, la capacidad de regular las emociones está relacionada con la habilidad para diferenciarlas (102). Si una persona es hábil para diferenciar y experimentar emociones internas, será también hábil para regular las experiencias emocionales. El que conoce y diferencia los estados emotivos y las experiencias afectivas mostrará menos trastornos psicopatológicos que el que no los conoce y el que no los diferencia.

Según los resultados de una serie de investigaciones, la utilización de la estrategia de reevaluación para regular las emociones proporciona resultados psicosociales positivos (103) (69), mejores relaciones interpersonales y un nivel más alto de bienestar que la utilización de la supresión; la utilización de la estrategia de reevaluación está negativamente correlacionada con el consumo de nicotina y alcohol (103).

Cuando las personas saludables se encuentran en una situación de baja intensidad emocional, utilizan la estrategia de reevaluación y en las situaciones de alta intensidad emocional, utilizan la estrategia de distracción; alejarse de esas estrategias preferentes de regulación puede conducir a las personas a la psicopatología. Si una estrategia de regulación es beneficiosa o perjudicial de acuerdo a la situación o al contexto, la persona que quiera adaptarse deberá elegir de forma flexible las estrategias de regulación que correspondan a las distintas situaciones; la persona que quiera una adaptación saludable tendrá que alternar de forma flexible las estrategias de reforzamiento, cambio y supresión de las emociones; puesto que, si se pierde la flexibilidad emocional y se aplican de forma rígida las estrategias de regulación, aparecerán diversos tipos de psicopatología.

Cuando no se regulan las emociones, aumenta la intensidad de las emociones negativas (10); la incapacidad para atenuar las experiencias negativas o para reforzar los afectos positivos es un factor importante para la aparición de la psicopatología, sobre todo para producir patologías de la ansiedad y de cambios de humor.

Las personas que están en tratamiento por problemas de juego patológico tienen dificultades para regular las emociones (104); asimismo, las personas jóvenes que tienen poca habilidad para regular las emociones muestran más tendencia al consumo de sustancias; se aprecia una relación entre la impulsividad, el abuso de sustancias, el juego patológico y la regulación de las emociones (105); se puede decir, pues, que encontramos dificultades para la regulación emocional en el origen y el mantenimiento de la mayor parte de las psicopatologías (106).

Ante la situación de depresión hay que elegir una estrategia de regulación; la regulación emocional cumple una función de intermediación entre la impulsividad y la depresión (107); la persona depresiva puede valerse de la distracción, si se le instruye, pero a menudo tiende a utilizar la rumiación, con la esperanza de que le va a ayudar a entender mejor el estado depresivo; varios son los estudios que han mostrado que el rumiar sobre aspectos negativos del self influye en el desarrollo, el mantenimiento y repetición de los episodios depresivos (108) (109).

Si la impulsividad aparece asociada con la patología, la reflexividad aparece asociada con la salud; mediante la mentalización y la meditación podemos predecir e hipotetizar los estados mentales de otras personas y los nuestros propios; podemos prever y comprender nuestro comportamiento y el de los otros; cuando una persona tiene una gran reactividad emocional o cuando tiene deficiencias en la mentalización o en la regulaci&o

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