PUBLICIDAD
Última actualización web: 28/01/2022

Una perspectiva relacional del trauma.

Autor/autores: Manuel Aburto Baselga
Fecha Publicación: 01/03/2009
Área temática: Tratamientos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

En las últimas décadas, la comprensión del trauma psíquico se ha ido enriqueciendo con las aportaciones de distintos campos de investigación como la neurociencia cognitiva, el desarrollo infantil temprano y la teoría del apego. La inclusión del trastorno por estrés postraumático en el DSM-III en 1980 supuso un hito importante en el reconocimiento de los efectos permanentes y destructivos del sufrimiento psíquico . Se abren así líneas de investigación que van recogiendo la complejidad de lo traumático, desde los eventos catastróficos que impactan "transversalmente" en la vida de las personas, hasta las situaciones traumáticas que se repiten o perduran, dejando su larga y a veces imborrable huella a lo largo de la vida.

El trauma se va situando en un contexto bio-psico-social complejo, marco de referencia para la perspectiva relacional. Si lo específico de lo traumático es la desintegración, que impide que lo vivido sea experienciado, y que aboca al self al aislamiento y la repetición, es objetivo genérico de la psicoterapia el lograr integrar la vivencia fragmentada dotándola de significado . El trauma conmociona los fundamentos del self, que se asientan en la matriz relacional que se fue instaurando desde el inicio en la interacción con los otros. La investigación en trauma temprano nos aporta elementos esenciales para comprender aspectos importantes de la resiliencia y la vulnerabilidad ante el trauma.

Desde la perspectiva relacional el terapeuta se sitúa como sujeto en la relación terapeútica, y la herramienta de su técnica no es independiente de la mano que la maneja: nuestra subjetividad configura la relación y aporta el sustrato genuino que permitirá al paciente un vínculo real suficientemente confiable para afrontar lo que no pudo ser integrado. Esa "realidad" del vínculo, en que el terapeuta asume su implicación, y que discurre entre la Escila del embotamiento y la Caribdis de la retraumatización, es potencialmente la matriz relacional donde la integración se reinicia.

Palabras clave: Apego, Resiliencia, Retraumatización, Trauma temprano, Vulnerabilidad

-----
Para más contenido siga a psiquiatria.com en: Twitter, Facebook y Linkedl.

VOLVER AL INDICE

Url corta de esta página: http://psiqu.com/1-4160

Contenido completo: Texto generado a partir de PDf original o archivos en html procedentes de compilaciones, puede contener errores de maquetación/interlineado, y omitir imágenes/tablas.

Una perspectiva relacional del trauma

Manuel Aburto Baselga

I. Comentario histórico.
La pregunta inicial sería:¿cómo se han enfrentado los seres humanos a lo largo de la
historia y en las diversas culturas con la traumatización psíquica? ¿Cómo han intentado
describir estos fenómenos y sus secuelas, y que medidas naturales, intuitivas han
desarrollado para protegerse y curarse del trauma? A diferencia de estos intentos
"naturales" que fundamentan ritos y ceremonias propios de cada cultura, los enfoques
científicos han intentado la clasificación e investigación sistemáticas. Pero la historia
científica del trauma registra momentos de auge y de abandono, y las víctimas de
acontecimientos o abusos traumáticos han sufrido (y aún lo sufren, en gran medida)
tanto el desamparo, el descrédito o la ignorancia de su entorno sociocultural como la
sobreexposición o la manipulación interesadas.
Judith Herman (1997) distingue tres factores emergentes que marcan la historia
científica del trauma:
1-la histeria, cuyo estudio floreció entre el movimiento político republicano y
anticlerical francés de finales del XIX.
2- el trauma de guerra o neurosis de combate, que empezó tras la primera guerra
mundial y alcanza su punto álgido tras la de Vietnam, en un contexto de movimientos
pacifistas.
3- el tercero es el de la violencia sexual y doméstica, cuyo contexto facilitador serían el
movimiento feminista en Europa y Norteamérica.
La historia científica de la histeria se inicia con Jean-Martin Charcot (1825-1893),
médico francés que reforma el complejo hospitalario de La Salpetriere, por entonces
centro de beneficiencia para los marginados, mendigos, prostitutas y locos. Charcot
transforma la institución en un centro de ciencia moderno, al que acuden prestigiosos
investigadores de la época, y otros que acabarían siéndolo, como Pierre Janet, William
James y Sigmund Freud.
Antes las histéricas eran consideradas, en el mejor de los casos, como manipuladoras, y
su tratamiento se relegaba al oficio de hipnotizadores y curanderos populares. Charcot,
desde una actitud científica rigurosa basada en la observación, la clasificación y la
descripción, y centrándose en los síntomas que remedaban daños neurológicos (parálisis
motrices, perdidas sensoriales, convulsiones y amnesias), demostró que tales síntomas
eran psicológicos pues podían inducirse y aliviarse a través de la hipnosis. No le
interesaba la vida interior de estas mujeres, habitualmente personas que habían vivido
expuestas a la miseria, violencia, explotación y abuso. El era un taxonomista,
representante ilustre del científico racionalista de finales del 19.
Según analiza J. Herman, el clima intelectual y político que permitieron tales
investigaciones estaba determinado por el advenimiento de la Tercera República en
1870, cuyos defensores atacaban duramente a su principal opositor: la iglesia católica.
Los líderes republicanos se consideraban representantes de una tradición ilustrada en
lucha contra las fuerzas reaccionarias representadas por la aristocracia y el clero. El

control de la educación era objetivo principal. Cita la autora a Jules Ferry, uno de los
fundadores: "Las mujeres deben pertenecer a la ciencia o pertenecerán a la iglesia".
Fue, por tanto, una poderosa causa política la que estimuló este apasionado interés por
la histeria y dio ímpetu a la investigación de Charcot y sus seguidores durante el final
del siglo 19. Con el cambio de siglo, se disipó el impulso político, y ya no había motivo
para continuar la investigación. La causa de la mujer comenzaba a avanzar sola a través
de los movimientos feministas.
A mediados de la década de los noventa, Janet y Freud (con Breuer), habían llegado por
separado a formulaciones parecidas: la histeria era una condición causada por el trauma
psicológico. Reacciones emocionales insoportables a acontecimientos traumáticos
producían un estado alterado de la conciencia que a su vez creaba los síntomas de la
histeria. Janet habló de disociación y Freud de doble conciencia.
La obra de Pierre Janet (1859-1947) es reclamada como pionera en el campo del trauma
por diversos autores. Tanto Bessel van der Kolk (96) como Fischer (99) nos remiten a
dos autores considerados como rescatadores de las ideas de Janet: por un lado, H. F.
Ellenberger con su obra "The Discovery of the Unconscious" (1970), y por otro,
F. W. Putnam, autor clave en el estudio de la disociación.
Janet, como es sabido, trabajó con Charcot en la Salpetriere. De los
experimentos con hipnosis y de las propuestas terapeúticas de Charcot se dedujo la
relación entre la abigarrada sintomatología de muchos pacientes y el recuerdo de
experiencias traumáticas. Janet fué el primero en usar el término "disociación" para
explicar tales procesos.
Según Janet, las disociaciones son consecuencia de una sobrecarga de la conciencia al
elaborar situaciones vivenciales traumáticas, abrumadoras. En su trabajo de 1889,
"Làutomatisme psychologique", expone que el recuerdo de una experiencia traumática
no puede, con frecuencia, ser elaborado adecuadamente; por ello es separado de la
conciencia, disociado, y revivido mas tarde en el cuerpo, en forma de representaciones o
imágenes, o por medio de la reescenificación. Las experiencias no integradas pueden, en
casos extremos, llevar a la creación de diferentes personalidades parciales, lo que
coincide con el trastorno disociativo de identidad.
Janet distingue la memoria narrativa de la integración automática, no consciente, de
nueva información. Esta integración automática es compartida por el hombre con los
animales. La memoria narrativa, en cambio, es exclusivamente humana. Está constituida
por constructos mentales que la gente usa para dar sentido a la experiencia
Distingue Janet entre recuerdo traumático y recuerdo narrativo. El primero es inflexible
e invariable, sin función social; no está dirigido a nadie, es una actividad solitaria. El
recuerdo ordinario, en cambio, tiene una función fundamentalmente social. Por otra
parte, el recuerdo traumático es evocado bajo condiciones particulares, en situaciones
que tengan reminiscencias de la situación traumática original. Cuando tal evocación se
produce, se desencadena el recuerdo completo de forma automática.
A la luz de los conocimientos actuales sobre los mecanismos psicofisiológios
implicados en el trauma, obtenidos de una ingente masa de investigaciones en el campo

clínico y en e laboratorio, sorprende la intuición y capacidad analítica de un Janet
dotado de pocos medios y escasos colaboradores. Sus ideas prefiguran muchos
conceptos básicos actuales sobre memoria explícita e implícita, disociación, etc.
Pese a que las ideas de Janet fueron ampliamente difundidas y aceptadas por muchos de
sus contemporaneos y alumnos (W. James, J. Piaget, H. Murray, W. Mac Dougal, entre
otros), pronto cayeron en el olvido. Todo su trabajo sobre trauma, recuerdo y
tratamiento de estados disociativos no se recuperó para el conocimiento del trauma
hasta que no se redescubrió el papel de la disociación en el origen del trastorno (Van del
Kolk, 96).
Freud y Breuer, por su parte, publicaron en 1895 sus famosos Estudios sobre la histeria,
en cuyo contenido específico no nos vamos a detener. Sólo reproducimos un par de
párrafos extraidos de la comunicación preliminar que nos parecen suficientemente
elocuentes:
Tales observaciones parecen demostrarnos la analogía patógena de la histeria
común con la neurosis traumática y justificarían una extensión del concepto de
histeria traumática. La causa patógena eficaz en la neurosis traumática no es
ciertamente la lesión corporal que puede ser insignificante, sino el pánico, el
trauma psíquico. De modo análogo, en nuestras investigaciones hemos hallado
motivaciones de muchos síntomas histéricos, por no decir de la mayoría, que
deben calificarse de traumas psíquicos. . .
. . . "hallamos con gran sorpresa que los distintos síntoma histéricos
desaparecían de inmediato y para siempre, cundo se lograba que el recuerdo
del proceso precipitante emergiera a plena luz, suscitando también el afecto
acompañante, y cuando el paciente describía entonces el proceso motivador con
todo el detalle posible y verbalizaba el afecto. El recuerdo sin afecto es casi
siempre ineficaz.
Repasaremos brevemente la evolución del pensamiento de Freud sobre el trauma a
través de su obra. Para ello nos guiamos del trabajo de M. Khan (63) que distingue
cinco etapas:
1) De 1985 a 1905, periodo en el que se estaban formulando los conceptos básicos para
el entendimiento del trabajo del sueño, proceso primario y secundario, el aparato
psíquico, formación de síntomas y la etiología de la histeria. El trauma se concebía
esencialmente como un factor ambiental que invade el yo , que no puede ser manejado
por abreacción o elaboración asociativa. , y como un estado de energia libidial
estrangulada que el yo no puede descargar. El paradigma de tal situación es la seducción
sexual.
Ya cuando apareció "Estudios sobre la histeria" (1895) las ideas de Freud habían
evolucionado hacia la preponderancia del trauma sexual en la infancia.
Viene luego el abandono de la teoría de la seducción expresado en la carta de Freud a
Fliess del 21 de septiembre de 1897, en la que le confía que ya no cree en lo que le
dicen sus pacientes sobre seducciones o abusos de que fueron objeto en la infancia.
Entre otras razones, Freud cuestiona el que pudiera haber tantos padres perversos.

Es obligado citar en este punto a Jeffrey M. Masson (1985) y su libro titulado "El asalto
a la verdad", que fue calificado como "el Watergate de la psique", donde, basándose en
un extenso y minucioso trabajo de investigación documental, denunciaba la renuncia de
Freud a la teoría de la seducción por motivos espureos. Achaca tal renuncia a una falta
de coraje personal de Freud presionado por la soledad a que se vio sometido mientras
mantenía sus tesis sobre la seducción, y condicionado por la necesidad de conservar su
amistad con Fliess. Destaca también Masson el rechazo de Freud hacia Ferenczi por la
defensa que éste último hacía del trauma real como factor etiológico. Al margen de las
críticas que mereciese el trabajo de Masson, el giro de Freud hacia la fantasía de
seducción en detrimento de la realidad vivida ha sido considerado como un punto de
extravío en el estudio del trauma.
Esta primera fase alcanzaría hasta 1905, con la publicación de "Tres ensayos para una
teoría sexual". Se ha especulado sobre el significado del periodo de tiempo que Freud
deja transcurrir entre su "descubrimiento" comunicado a Fliess y la publicación de su
nuevo punto de vista 7 años después.
2) 1905-1917, etapa en la que se intenta formular el desarrollo sexual infantil y la
metapsicología psicoanalítica. Las situaciones traumáticas paradigmáticas serían: a) la
ansiedad de castración, b) la ansiedad de separación, c) la escena primaria, d) el
complejo de Edipo. El trauma se produce por la pujanza de los instintos sexuales y la
lucha del yo contra ellos. Domina la fantasía inconsciente y la realidad psíquica interna.
3) 1917-1926, periodo en que se publica Mas allá del principio del placer (1920) donde
da cuenta de la compulsión de repetición y el instinto de muerte. Llega aquí a su teoría
dualística de instintos de vida y de muerte. El concepto de trauma se centra en un marco
de referencia intersistémico e instintual. Mientras la teoría traumática de la neurosis
adquiere una importancia mas relativa, la existencia de las neurosis por accidente y,
sobre todo, de las neurosis de guerra, vuelve a situar en el primer plano de las
preocupaciones de Freud el problema del trauma.
4) Entre 1926 y 1929 se elabora la revisión del concepto de ansiedad (Inhibición,
síntoma y Angustia, 1926). Distingue entre situaciones traumáticas y situaciones de
peligro a las que corresponden las angustia automatica y la angustia señal. Según este
modelo, el determinante fundamental de la angustia automática es la situación
traumática, y la esencia de ésta es la experiencia de indefensión del yo frente al aumento
de excitación. Las situaciones vitales traumáticas paradigmáticas serían: el nacimiento,
la pérdida de la madre como un objeto, la pérdida del pene, la pérdida del amor del
objeto, la perdida del amor del super-yo.
Desde este modelo, el papel del entorno(madre) y la necesidad del suministro de ayuda
externa cobran protagonismo. Al final de esta etapa, con análisis terminable e
interminable (37) y Splitting del yo en el proceso defensivo (38) Freud centra su
atención en las modificaciones adquiridas por los conflictos defensivos en la infancia.
En Esquema del Psicoanalisis (38) dice: "es posible que lo que llamamos neurosis
traumáticas (desencadenadas por un susto demasiado intenso o choques somáticos
graves, tales como choques de trenes, desprendimientos, etc. ), constituyan una
excepción; pero, hasta ahora, sus relaciones con el factor infantil han escapado a
nuestras investigaciones"

H. Krystal (78) explica que el uso abusivo e indiscriminado del término trauma se debe
a la falta de distinción entre dos distintos modelos de trauma propuestos por Freud: el de
la situación insuperable y el de los impulsos inaceptables. Opina Krystal que podría ser
una clave para entender la historia del psicoanalisis el considerar que toda la visión
economica metapsicológica representa un esfuerzo por integrar ambos modelos.
Según Van del Kolk (96), la aceptación de las teorías psicoanalíticas dieron como
resultado una total ausencia de investigación sobre los efectos de los sucesos
traumáticos reales en la vida de los niños. Afirma, incluso, que desde 1895 hasta hace
muy poco, no se hicieron estudios sobre los efectos del trauma sexual infantil. Destaca
esta autor como notable excepción a Sandor Ferenczi.
Ferenczi va a insistir, y este sería el punto de desacuerdo mas notable con Freud, en que
en toda situación psicopatológica habrá siempre un factor traumático real como
desencadenante. Atribuye a los objetos externos un papel fundamental en la
estructuración del aparato psíquico del niño, enfatizando lo traumatógena que puede ser
la realidad psíquica del otro cuando éste sustenta el poder de dar o imponer su
significado propio a toda experiencia relacional. Reivindicaba ante la audiencia
psicoanalítica de entonces la realidad del trauma infantil que los pacientes adultos
revivian en la consulta, y denunciaba el haber relegado el trauma real a favor de la
fantasía inconsciente, haciendo hincapié, especialmente, en el trauma sexual.
II. Confluencia de disciplinas
Desde hace poco mas de una década comienzan a proliferar publicaciones que destacan
la influencia que los avances y desarrollos en diversos campos científicos relacionados
con la conducta, el desarrollo y el cerebro han de tener sobre los enfoques
psicoterapéuticos tradicionales. Así, Kächele y Frevert (96) advertían de las
consecuencias que para la teoría y la técnica del psicoanálisis habrían de tener el
desarrollo de la teoría del apego y la investigación en desarrollo infantil que cuestionaba
el bebé freudiano y con ello muchos de los supuestos en que se fundaba la teoría
pulsional . Actualmente es casi un lugar común el señalar la convergencia entre campos
como la neurociencia, la citada investigación en desarrollo infantil y los estudios sobre
el apego.
Si nos ceñimos al campo psicoanalítico, es evidente que muchos de sus fundamentos
clásicos han quedado en entredicho precisamente a la luz de las citadas investigaciones
y desarrollos. Por otra parte, muchos han creído ver corroborados determinados
paradigmas psicoanalíticos en las misma investigaciones. Así, la formulación del
aprendizaje procedimental se ha querido ver como confirmación desde el campo de la
neurociencia del inconsciente freudiano.
Tal vez el afán de casar los emergentes científicos recientes con el cuerpo teórico propio
nos dificulta una visión mas descomprometida con el estado actual de las ciencias de la
mente. Si nos liberamos de tal afán (por otra parte comprensible y legítimo) y nos
elevamos sin mucho prejuicio por encima de nuestro techo teórico tal vez podramos
apreciar los puntos de convergencia
Por un lado la neurociencia, sobre la base de técnicas de exploración cada vez mas
discriminativas (como la tomografía por emisión de positrones) nos permite concebir
modelos de funcionamiento cerebral en los que prevalecen conceptos como regulación,
integración e interacción con el entorno. Los marcadores afectivos de Damasio (2001),

las investigaciones sobre el papel de la amigdala en el miedo aprendido de LeDoux
(96), la funcion reguladora orbitofrontal estudiada por A. Shore (2003), las neuronas
espejo de Rizzolatti (2006), nos presentan un cerebro orientado al mundo externo y a la
relación con los demás, cuya propia morfología es determinada en gran medida en esa
interacción, especialmente en periodos críticos de la infancia.
Desde el campo del desarrollo infantil sabemos ya que el bebé actual no es tal como lo
imaginaban los primeros psicoanalistas. Sabemos que viene al mundo dotado de
capacidades de relación con los otros, y capaz de una interrelación mucho mas compleja
de la que se adjudicaba a aquel bebé "tabula rasa" o que demandaba únicamente y de
forma pasiva nutrición y regulación de necesidades básica. Nuestro bebé actual es
interactivo.
Al principio de los 80 el panorama sobre investigación del desarrollo está ya dominado
por el estudio de la teoria de la mente. A través de la investigación de estados mentales
básicos como deseos, percepciones, creencias, intenciones, sensaciones, etc. , los
investigadores de pretenden descubrir lo que los niños saben acerca de la existencia y
comportamiento de diferentes tipos de estados mentales y lo que conocen sobre cómo
tales estados están relacionados con "inputs" perceptivos y "otuputs" conductuales y
con otros estados mentales (Flawell, 1999)
Flavell revisa las investigaciones realizadas al calor del interés recientemente renovado
sobre los inicios del desarrollo de la teoría de la mente.
Los niños se interesan particularmente por los rostros humanos, las voces y los
movimientos, y responden a tales estímulos. Durante los dos primeros años de vida, los
niños desarrollan gran habilidad para discriminar diferentes expresiones faciales, y se
piensa que existe un factor innato. Así mismo, les atrae mucho los ojos y desarrollan la
habilidad para seguir la mirada de otro, lo que le permite iniciar actos de unir su mirada
a la del adulto con un valor comunicacional. Está probado que responden de forma
distinta a los humanos que a los objetos. "Desde muy temprano los niños ven a los
humanos como entidades autopropulsadas, capaces de movimientos independientes
(agentes), pero a la vez influenciables a distancia por señales comunicativas
(compliant)" (Flavel, 1999, pg. 29).
Este breve repaso de los hallazgos de la investigación del desarrollo nos presentan un
bebé "vuelto hacia el otro" de forma activa. Lo subrayamos precisamente para desplazar
el centro de gravedad hacia ese "otro". La respuesta del cuidador (madre, padre. . . ) es
determinante, y facilita o dificulta vías de desarrollo, de expresión del potencial
genético que NO es en sí mismo un potencial de persona. Tal potencial está dado en la
conjugación de dos factores: lo que es dado y el contexto humano al que se dirige. Al
unirse, se inicia la vida de una persona con una melodía propia.
Es obligado referirse a la teoría del apego, creada por John Bowlby, quien desde una
perspectiva etológico/evolucionista describió un sistema conductual de apego que
funciona para regular la seguridad del infante en los entornos en los cuales evoluciona.
Bowlby no estaba de acuerdo en que el origen de los vínculos emocionales al cuidador
primario fueran una pulsión secundaria basada en la gratificación de las necesidades
orales. Consideraba que el niño llega al mundo predispuesto a participar en la
interacción social, y que necesitaba un temprano apego ininterrumpido (seguro) con la

madre. Enfatiza el valor de supervivencia del apego ya que aumenta la seguridad debido
a la proximidad del cuidador. Si es un sistema conductual, implica una motivación
innata, no pudiendo reducirse a una pulsión. De ahí la controversia con el psicoanálisis.
Mas tarde, Mary Ainsworth crea para sus investigaciones sobre interacción infantemadre el procedimiento de laboratorio conocido como Situación Extraña, en el que se
observa a bebés en torno a los 18 meses en situación de ausencia de su figura de apego,
regreso de la misma, y en presencia de un extraño. A partir de ahí se pudieron clasificar
los tipos de apego seguro, inseguro y desorganizado.
Mary Main y sus colaboradores desarrollaron la AAI (entrevista de apego adulto) que
explora los recuerdos autobiográficos de los adultos sobre sus relaciones de apego. Uno
de los mas significativos hallazgos de la investigación sobre el apego es que la
entrevista de apego Adulto administrada al padre o la madre puede predecir, no sólo la
seguridad de apego del niño sino el preciso tipo de apego que el niño manifiesta en la
Situación Extraña. Tal predicción se hace antes de que el niño nazca.
Las investigaciones que utilizan la AAI han mostrado que no son raros en las muestras
de adultos no clínicas sutiles procesos disociativos relacionados con recuerdos
traumáticos de sus relaciones de apego.
III. La relación traumática
Al mismo tiempo en el psicoanálisis ha ido tomando cuerpo el desarrrollo relacional y
intersubjetotvo.
A lo largo de las dos últimas décadas ha ido emergiendo en el psicoanálisis una nueva
orientación bajo el amplio paraguas conceptual de psicoanálisis relacional. Esta
orientación surge de la confluencia de distintos factores. Tiene como antecedentes el
psicoanálisis interpersonal representado en USA por Harry S. Sullivan, Erich Fromm y
Clara Thompson que influyeron decisivamente a mediados del pasodo siglo. Las ideas
de Winnicott fueron asimismo impregnando el pensamiento psicoanalítico americano.
Paralelamente el trabajo de Bowlby, ignorado y criticado en principio por el
psicoanálisis, fue calando en el pensamiento psicológico. Kohut en los 70 desarrolla la
psicología del self, que impregna e inspira el pensamiento y la práctica de los analistas
de toda orientación.
El desarrollo del pensamiento feminsita an psicoanalisis muy influido en los 70 por
Dinnerstain y Chodorow, culmina en los trabajos de J. Benjamin muy cercanos al
universo relacional.
En 1983 , Greenberg y Mitchell emplean el término relacional para conectar la tradición
interpersonal americana y la de las relaciones objetales británicas. Posteriormente el
concepto relacional fue siendo aplicado a múltiples desarrollos: la teoría intersubjetiva,
el constructivismo, desarrollos recientes sobre género, etc. Se redescubre a S. Ferenczi,
cuyo Diario Clínico de 1932 se traduce al inglés en 1988; se publica el Psychoanalytic
Dialogues que se convierte en la tribuna de una amplia orientación representada
también el la IARPP. Muy recientemente se crea el Spanish Chapter, IARPP-España.
Como es sabido, es en el ámbito relacional donde se forja la idea de una "psicología de
dos personas" en oposición a la concepción clásica de la "mente aislada" que estaría
representada por las posiciones freudianas y kleinianas mas ortodoxas. Es justo decir

que ni freudianos ni kleinianos ignoran la influencia esencial de las figuras reales de los
cuidadores primarios y sus distintas capacidades de salir al encuentro de las necesidades
del niño. De igual modo, la orientación relacional no ignora que cada individuo posee su
propia mente, sus mundo interno de representaciones que fundamenta al el sentido del
self. Pero los desarrollo ortodoxos privilegiaron el mundo interno poblado de conflictos
y tensiones entre impulsos contrapuestos y fantasías arcaicas en detrimento de la
esencial función estructurante, subjetivizante de la relación real con el Otro real; Otro
que no es proyección de fantasmas internos, sino el sujeto que al ser reconocido como
tal nos otorga a su vez reconocimiento como sujetos. Si pensamos en la diada analítica,
habremos de reconocer propiedades específicas de tal relación, distintas a las de
cualquier otra, producto dialéctico de ambas mentes, origen de un tercer espacio ya
enunciado por Winnicott a lo largo de su obra.
Como hemos señalado mas arriba, los principales Psicotraumatólogos actuales, los que
influyeron o asistieron a la aparición oficial del trastorno de estrés postraumático en el
80, reconocen a Janet como precursor, citan a Freud señalando su desviación hacia lo
intrapsíquico y, desde la sensibilidad psicoanalítica, reclaman también la obra de
Ferenczi largo tiempo preterida por el psicoanálisis oficial.
Tanto en el Tagebuch(32) como en su célebre conferencia confusión de lenguas (32)
Ferenczi denuncia la hipocresía en la relación terapéutica cuando amparándose en la
autoridad del analista no se reconocen los propios fallos o la realidad de los traumas del
paciente.
Traza un paralelismo entre los niños traumatizados por la hipocresía de los adultos, los
enfermos mentales traumatizados por la hipocresía de la sociedad y los pacientes que,
debido a la hipocresía y la rigidez de los analistas, reviven y ven reforzados sus
antiguos traumas.
La víctima, cuyas defensas son derribadas, se entrega, por así decir, a su
ineluctable destino y se retira sobré sí mismo a fin de observar la experiencia
traumática desde la distancia. Desde esa posición de observador puede, si las
circunstancias lo permiten, contemplar al atacante como enfermo, como un ser
trastornado al que incluso, eventualmente, intentará cuidar y curar. Igual que el
niño que, ocasionalmente, se convierte en el psiquiatra de sus padres. O como el
analista que lleva a cabo su propio análisis a través del paciente. . . . (1999, pg.
20)
Al igual que Janet y el primer Freud son reconocidos como precursores en la
investigación de los efectos del trauma, Ferenczi ocupa un lugar pionero en la
perspectiva relacional en psicoterapia psicoanalítica del trauma en la medida en que
denunció la realidad del trauma frente a la fantasía y reconoció la influencia que el
psicoterapeuta ejerce, lo quiera o no en la relación terapéutica.
La temprana relación traumática, el abuso o la negligencia, el maltrato, el abandono, etc.
determinan estructuras neurales, funciones de regulación afectiva, esquemas de relación
con el mundo circundante. Aparte del temperamento como constelación genética
disposicional, la relación temprana determina en gran medida la resiliencia o
vulnerabilidad a traumas ulteriores.

El paciente traumatizado se disocia porque tal vez estableció la disociación como
mecanismo de defensa para sobrevivir. Se fragmenta y oscila entre la reviviscencia del
trauma y la evitación del mundo. Disgrega partes de su memoria y crea huecos en su
narrativa. Deriva o conserva el dolor y sufrimiento en el cuerpo. En fin, se desintegra.
La desintegración es un intento de simplificar una vida que ya no puede ser rica y
compleja. Es reducir, fragmentando.
IV. La relación terapéutica como lugar de integración
El terapeuta no es ya el frío cirujano ni el espejo límpido que preconizaba Freud. Es un
participante co-creador de un proceso relacional que debe permitir al paciente recuperar
su sentido del self, la integridad de su mundo subjetivo.
Cuando hablamos de traumas que han afectado el desarrollo vital de la persona o que
han conmocionado profundamente los fundamentos de la confianza básica del individuo
nos veremos confrontados inevitablemente con la alteración de las relaciones humanas.
Es, precisamente, nuestra cualidad de humanos concretos, distintos, con un estilo propio
lo que nos sitúa como sujetos en la relación terapéutica y confiere a esta la "realidad"
necesaria para permitir la tarea. Si no somos personas concretas, si tendemos a la
abstracción idealizada nos deshumanizamos y podemos convertirnos en ese muro de
lamentaciones y proyecciones que rebotan sobre el paciente y perpetúan su
desintegración.

Referencias bibliográficas

Herman, J. (2004). trauma y recuperación. Madrid: Espasa Calpe (Orig. 1997)
Van del Kolk, B. , McFarlane, A. C. , Weisaeth, L. (1996). Traumatic stress. New York: The
Guilford Press
Freud, S. und Breuer, J. (2007) Studien über Hysterie. Frankfurt: Fischer Psycologie
Fischer, G. , Riedesser, P. (1999). Lehrbuch der Psychotraumatologie. München: Reinhardt
Khan, M. (1963). The concept of cumulative trauma. Psychoanalytic Study of the Child, 18:286306.
Moussaief Masson, J. (1983). El asalto a la verdad. Barcelona: Seix Barral
Krystal, H. (1978). trauma and Affects. Psychoanalytic Study of the Child, 33, 81-116

Kächele, H y Frevert, G. (1997). Desarrollo, Vínculo y Relación. Conceptos
innovadores para el psicoanálisis. Clínica y análisis Grupal, 19 (2): 173-188
Ferenczi, S. (1933). Sprachverwirrug zwischen den Erwachsenen und dem Kind. Bausteine zur
Psychoanalyse. Bd II. Fischer

Flavell, J. (1999). Cognitive development: Children´s knowledge about the
mind. Annual Review of Psychology, 50: 21-45
LeDoux, J. (1996). The emotional brain. New York: Simon&Schuster

Liotti, G. (2004). trauma, Dissociation and Discorganized Attachment: Three Strands
of a Single Braid. Psychoteraphy: Theory, reseach, practice, training, 41, 472-486.
Solomon, M. & Siegel, D. (Eds. ) (2003). Healing trauma. Attachment, mind, body and
brain. New York: Norton Company
.

Comentarios de los usuarios



No hay ningun comentario, se el primero en comentar