Durante los años ochenta, aparecieron reportes de caso en la literatura científica sugiriendo que la terapia cognitiva asociada a los tratamientos bioquímicos y psicosociales podrían ser utilizados para ayudar a los pacientes con trastorno afectivo bipolar pues les suministraban una serie de herramientas para ayudar a moderar sus reacciones subjetivas frente a los estresores de la vida diaria y les ayudan mejorar la eficacia en la resolución de problemas cotidi