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Última actualización web: 18/05/2022

Influencia de lo transcultural en la resiliencia.

Autor/autores: R. Suárez
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Trastornos de ansiedad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Hoy en día la vivencia de acontecimientos traumáticos es un fenómeno frecuente. Nuestra experiencia nos pone de manifiesto cómo determinados sujetos tienen una capacidad especial de reponerse a dichos acontecimientos.

En esa capacidad están implicados ciertos factores relacionados con el sentido de pertenencia al grupo y con la identificación personal del indivíduo como parte de una identidad grupal. En esta presentación analizamos esos factores y de qué manera intervienen.

Palabras clave: transcultural, resiliencia

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Influencia de lo transcultural en la resiliencia.

Gámez M. A. , Rodríguez-Palancas A. , Marcos E. , Iglesias C. , Muñoz I. , Suárez R. , Losantos R. , Llaquet L. , Medina J. L. , Pérez-Iñigo J. L. , López S.

Hoy en día la vivencia de acontecimientos traumáticos es un fenómeno frecuente. Nuestra experiencia nos pone de manifiesto cómo determinados sujetos tienen una capacidad especial de reponerse a dichos acontecimientos. En esa capacidad están implicados ciertos factores relacionados con el sentido de pertenencia al grupo y con la identificación personal del indivíduo como parte de una identidad grupal. En esta presentación analizamos esos factores y de qué manera intervienen.

Introducción

La realidad actual nos ha acercado de manera significativa a las experiencias traumáticas. Según Kebler (1996), tres aspectos son centrales en la experiencia de trauma: 

1. El sentimiento de desamparo, de estar a merced de otros

2. Una ruptura en la propia experiencia, pérdida de seguridad

3. estrés negativo extremo.

Esta vivencia va a provocar una respuesta tanto en el individuo como en el grupo que va a ser más o menos adaptativa o positiva dependiendo de la homeostasis que se produzca entre la existencia de factores de riesgo y factores de resiliencia en cada una de las situaciones.  

Son muchos los estudios que hoy en día introducen el interés por una variable “lo cultural”, que si bien siempre caminó en paralelo a la esencia humana, en la actualidad adquiere un peso de mayor dimensión en el contexto de las migraciones. Migraciones que conllevan a la convivencia , más o menos forzada, más allá de las barreras de lo propio entre diferentes culturas, convirtiéndose en un fenómeno de significación considerable como factor de indudable influencia en el concepto de la resiliencia y al que denominamos “lo transcultural”.

Partiendo de esta reflexión, nuestro trabajo, fruto de una amplia revisión de la literatura existente apoyada a su vez por las observaciones realizadas en el desarrollo de intervenciones sobre grupos expuestos a acontecimientos traumáticos, intenta señalar la influencia de ciertos elementos relacionados con esa transculturalidad sobre la capacidad de resiliencia.


Desarrollo

Uno de los conceptos básicos sobre el cual debemos centrar nuestra atención es el de resiliencia. Vocablo de origen en el latín resilio que significa “volver al estado inicial”, utilizado inicialmente en el campo de la física y aplicado posteriormente al concepto de “fortaleza emocional” tras su introducción en el campo socio-psicológico de la mano de los estudios de Werner y Smith con niños y jóvenes habitantes en una isla durante más de 30 años, delimitando qué factores habían favorecido una evolución positiva. Si bien son múltiples las definiciones existentes al respecto y sin un claro consenso podríamos referir la dada por Rutter (1984 y tomada posteriormente por Pereira) como “el conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos, que posibilitan tener una vida sana en un medio insano, procesos que se realizan a través del tiempo, produciendo afortunadas combinaciones entre los atributos del niño y su ambiente familiar, social y cultural”. En este sentido, la resiliencia, aunque requiriendo de una respuesta individual, no es una característica personal ya que está condicionada tanto por factores individuales como ambientales, emergiendo de una gran heterogeneidad de influencias ecológicas que conspiran para producir una reacción excepcional frente a una importante amenaza ( Villalba. C). Silva (1997) aporta una de las definiciones más aceptadas en la literatura actual: «la capacidad universal de todo ser humano de resistir ante condiciones adversas y recuperarse desarrollando paulatinamente respuestas orientadas hacia la construcción de un ajuste psicosocial positivo al entorno, a pesar de la existencia simultánea de dolor y conflicto intrapsíquico». Grotberg hablaba de una capacidad universal que permite a una persona, grupo o comunidad prevenir, minimizar o superar los efectos dañinos de la adversidad pudiendo transformar o fortalecer las vidas de aquellos que la poseen y definía algunas de las características que favorecen dicha capacidad tales como la existencia de un ambiente facilitador ( acceso a salud, educación, bienestar, apoyo emocional - la seguridad de un afecto recibido por encima de todas las circunstancias, la aceptación por parte de los pares y referentes valorados - , la confianza en los interlocutores, así como las redes de apoyo institucionales y sociales , reglas y límites familiares, estabilidad del hogar y escolar, …), fuerza intrapsíquica (autonomía, control de impulsos, empatía y sentirse querido) y las habilidades interpersonales ( manejo de situaciones, solución de problemas y capacidad de planeamiento). Autores como Suárez Ojeda (1997) citaba como pilares básicos de la resiliencia a la introspección, independencia, iniciativa, capacidad de relacionarse con otros, sentido del humor, moralidad, autoestima consciente, creatividad y capacidad de pensamiento crítico. Con el tiempo se cuestionó que esta capacidad fuera un factor fijo y permanente planteándose más bien como una condición que surge ante ciertas situaciones (Rutter 1993) existiendo ciertos eventos o factores, tanto personales como ambientales, que pueden facilitar u obstaculizar la resiliencia dependiendo de si se presentan de forma aislada o acumulativa, si se dan de forma simultánea ; si existen factores que compensen o equilibren entre ellos , así como la duración o persistencia que tenga el evento supuestamente traumático. (1, 2)

Viendo que en los últimos años los acontecimientos traumáticos a los que se ven expuestas nuestras civilizaciones se han multiplicado se han realizado numerosas investigaciones centradas en las características de dichos eventos : naturales o provocados, inesperados o habituales, extremos o no, etc. ; en las características de la población afectada : ámbitos familiares, grupos infantiles y adolescentes, colectivos institucionalizados, enfermos mentales, etc. y en las diferentes intervenciones previas, durante y tras la exposición. Entre los datos que arrojan todas ellas, ya ampliamente conocidos, comienza a emerger la influencia de un fenómeno, los movimientos migratorios de las poblaciones y con ellos el peso de la carga cultural.

La condición humana presupone la existencia de un ser vivo, pero también el acceso a la constitución de la subjetividad. El sujeto nace en un medio cultural del cual el otro es su representante y su sostén afectivo. Este nacimiento en el otro, que lo antecede y espera, explica el que la subjetividad necesite del sostén y, a veces, de la recreación imaginaria de esa relación que fuera condición de su surgimiento. En situaciones límites, en momentos de profundo desvalimiento, es recreando al otro en nuestro interior como se reafirma la capacidad de supervivencia. Recreando al otro en medio del horror, el ser humano mantiene su inserción con la cultura y su último lugar de inserción en ella. Instancias alienantes y despersonalizadoras, como el aislamiento en establecimientos de detención, la tortura, el control político, amenazan con destruir ese vínculo constituyente de lo humano. En la resiliencia juega el ideal colectivo compartido grupalmente, la confianza en el grupo de pertenencia, a la vez que el carácter de sostén de este mismo grupo. En la experiencia de muchas personas y en los momentos límites, el tener presente todo el tiempo las convicciones más esenciales, se ha convertido en el centro de la capacidad de resistencia.

Con ello a la hora de estudiar el fenómeno traumático deberíamos hablar de dos componentes, de un lado el individual inflingido a la persona y de otro el social (donde la proyección del individuo se amplia al otro) referido a la huella que ciertos procesos históricos pueden dejar en poblaciones enteras afectadas implicando elementos idiosincrásicos de su propia cultura entre los que cabrían ser citados : un entrenamiento y memoria históricos, el significado atribuido a los síntomas y sus diferentes formas de expresión, la vivencia del duelo, la cohesión grupal y sentido de pertenencia, valores religiosos y morales y convicciones políticas (1)(Martín Baró 1990).

Volviendo al objetivo primario de nuestro trabajo , apreciamos cómo el peso de estos rasgos idiosincrásicos es aún mayor cuando afloran en el contexto de los desplazamientos migratorios donde varias culturas se encuentran de frente y cómo todavía lo es más si concurren las circunstancias de un acontecimiento traumático.


Si consideramos en primer lugar el fenómeno migratorio sobre todo cuando es forzado o resultado de la desorganización comunitaria o de la violencia conlleva una transformación del micro mundo en el que elaboramos el sistema de creencias y escala de valores y con ello la concepción que el individuo tiene de ese mundo inicial. Implica la ruptura del orden y de la continuidad, de relaciones sociales, pérdida de las familias y grupos de referencia, pérdida de hábitos comunes de comunicación y patrones culturales de interacción así como cambio de métodos de educación, de costumbres y tradiciones que dan significado social a la identidad personal. En los casos más graves se llega a la violación de derechos civiles, políticos, culturales, económicos y sociales de poblaciones enteras que en ocasiones incluso pueden convertirse en el objetivo de ataques armados o terroristas ( asesinatos, amenazas, masacres, secuestros, etc. ).  

Respecto a la duración, los estresores que se van a ir presentando a lo largo de la experiencia migratoria van a estar vigentes a lo largo de mucho tiempo, incluso años, y es posible que algunos, como el desarraigo y la añoranza, no desaparezcan nunca.

La experiencia migratoria es en sí misma un acontecimiento altamente estresante y de gran afección personal, que afecta al individuo en todas las esferas de su ser y que por tanto, al menos en un proceso inicial, le coloca en una situación altamente frágil. (3)

Entre los efectos de esta vivencia, el duelo ante múltiples pérdidas. No sólo el lugar de origen sino el marco de referencia donde se recrea la vida, el entorno social y las relaciones, el rol desempeñado en la familia y la comunidad y los seres queridos familiares y amigos. duelo que se complica por lo extenso y múltiple, por lo imprevisto de los acontecimientos, por la falta de un sentido, por el desbordamiento de la carga emocional ( miedo, cólera, impotencia, injusticia, soledad) , por la dificultad para realizar rituales de despedida, por la desaparición física de los individuos, por la falta de apoyo y por la necesidad de demorarse su elaboración ante la urgencia de la llegada a un nuevo entorno que exige establecer nuevamente formas mínimas para cubrir las necesidades básicas.

Otro de las consecuencias es la aparición de un miedo interiorizado ante la propia amenaza que obliga a partir para salvaguardar la vida, a vivir en un estado de alerta permanente, a sentirse impotente, a perder el sentido de la realidad, a inundar la perspectiva de todo cuanto nos rodea bloqueándonos o descontrolando nuestra conducta. A veces el temor lleva a asumir el anonimato como posibilidad de supervivencia, el silencio como único modo de expresión, la clandestinidad como mecanismo de afrontamiento. La propia identidad se mece entre la pérdida y el ocultamiento, el abandono, la oscuridad y el delito integrándose con frecuencia en entornos marginales. Entornos donde el desplazado por un lado llega a dudar en la identificación de su agresor y en las razones por las cuales se les cataloga como “amenaza a eliminar” y se les impone un castigo de destierro, llegando a caer en la incertidumbre, la desconfianza y la pérdida del sentido vital. Y de otro la exigencia de supervivencia en condiciones difíciles altera más aún las dinámicas familiares donde la necesidad de lo básico focaliza el cuidado más en el medio exterior que en el acompañamiento intrafamiliar.

Tampoco es extraño que las personas desplazadas empiecen a tener sentimientos de rabia, confusión o culpabilidad por lo sucedido. (Pérez, Bacic y Durán, T. , 1998). La culpa es una reacción frecuente entre las víctimas, cuando las experiencias desbordan los marcos de referencia habituales y fracasan los conceptos con los que tratamos de entenderlas, la culpa puede ser también un intento de dar sentido a algo que no lo tiene y una forma de pensar que se tiene algo de control sobre la situación vivida, que hubiera podido evitarse.

En ocasiones se llega a la negación de la amenaza entendida ante la resistencia a abandonar sus pertenencias, la creencia en una protección sobrenatural, falta de información o incultura, cronificación del estado de alerta, falta de memoria y entrenamiento histórica, desconfianza y desesperanza.

En el caso de los que retornan a su lugar de origen se produce una reexperimentación del trauma con reaparición de emociones como tristeza, dolor, rencor y nuevos miedos a volver a ser víctima de la amenazas y torturas, la necesidad de readaptación a nueva situación asumiendo pérdidas en ambos escenarios y con exigencia de volver a empezar a reconstruir su proyecto vital, con el riesgo de ser estigmatizados por las condiciones en las que se regresa. Persiste la sensación de no ser los mismos y se abren viejas heridas y se reactivan duelos no cerrados.

Con todo ello hemos de tener mucho cuidado de no patologizar a aquellas familias que poseen valores culturales diferentes, que simplemente reaccionan de forma distinta al estrés o que han creado sus propias estrategias para adaptarse a la situación que les ha tocado vivir. Los procesos beneficiosos para un funcionamiento eficaz pueden variar según los distintos contextos socioculturales. Tengamos en cuenta que la migración supone una ruptura radical del contexto ecológico de sus protagonistas así como profundas vivencias de desarraigo. Hay que tener cuidado de no etiquetar de patológicas las angustias provocadas por las etapas de transición y adaptación. En este sentido, resulta útil recurrir al concepto de nicho ecológico de Falicov (1997) quien defiende una concepción ecológica y multidimensional, tanto a nivel individual como familiar, donde se combinan y superponen rasgos provenientes de muchos contextos culturales, basados en las distintas variables que influyen en la vida, como la etnicidad, la religión, la clase social, la estructura familiar, los roles de género, etc. (4)

A partir de este punto nos centraremos más detenidamente en señalar qué factores en relación con el fenómeno migratorio y por lo tanto con la transculturalidad, influyen directamente tanto en potenciar de forma positiva la resiliencia como en interferirla de forma negativa. En cada uno de estos grupos vamos a considerar aspectos individuales, de la estructura familiar y de la estructura social. (5)


1. Factores favorecedores de resiliencia

a. A nivel individual:

- La edad:

Si bien los jóvenes y adolescentes por encontrarse en un proceso de desarrollo de su identidad cultural son uno de los grupos más afectados por el choque cultural, también es cierto que cuentan con una mayor capacidad de adaptación a nuevas situaciones. Son ellos los que se van a encontrar con un mayor número de oportunidades de acceso e integración en el sistema educativo y mercado laboral, lo cual favorece de manera significativa su adaptación al nuevo entorno.  

En los niños el recibir una explicación previa al desplazamiento o a la separación por parte sus padres respecto a los motivos de la migración, a presentar detenidamente las características del viaje, país de destino y los planes familiares futuro a los hijos disminuye el miedo a la incertidumbre, al vacío al que se enfrentan y el sentimiento de abandono y desamparo a la vez que se les hace partícipe del proyecto migratorio.  

- El género:

No existe un acuerdo claro en relación al género. Sin embargo, estudios con emigrantes griegos han mostrado que los hombres son menos afectados por la aculturación al emigrar que las mujeres. En la misma línea, Ödegaard (1932) demostró una mayor incidencia de trastornos mentales en las mujeres. Por el contrario, para Walsh (2004) las mujeres, en todos los niveles de edad, superan la adversidad en mayor número que los varones. Podría explicarse por una socialización basada en el género, en el que a las niñas se les enseña a ser más afables y sociables (por lo tanto más abiertas a apoyarse en el entorno), mientras que a los varones se les enseña a ser duros y confiar sólo en sí mismos (factor de riesgo para superar la adversidad).  

Las mujeres desplazadas convertidas en víctimas por el trauma que dejan en ellas los eventos violentos que las llevaron al éxodo ( asesinato del cónyuge o hijos, quema de propiedades, violaciones ), con un menor nivel de recursos culturales y económicos, más vinculadas afectivamente al entorno familiar y más vulnerables a la discriminación laboral con frecuencia han desempeñado labores asociadas con la huida, la movilización rápida de la familia, el diseño del itinerario a seguir, la forma y medios de transporte, han demostrado tener una llamativa capacidad de reorganización en instalación en los nuevos entornos, prestación de apoyo mutuo tanto físico como emocional, fortalecimiento de los procesos de resistencia civil y de constituirse como núcleos integradores en las familias. Han acabado ejerciendo papeles mucho más implicados políticamente asumiendo roles de liderazgo frente a la organización comunitaria y un papel dinamizador en la búsqueda de opciones y ayudas para ellas y los suyos siendo las que consiguen un empleo más tempranamente. (6)

Por otro lado la pérdida de vínculos familiares que quedan en la distancia tales como hijos menores son un motor que promueve una actitud de afrontamiento más positiva con el afán de recuperarlos.

- Conocimiento de la lengua del país de destino

El conocimiento de la comunicación verbal como no verbal juega un papel crucial en la relación intercultural. El desenvolvimiento en la lengua del país de destino es un factor crucial para vencer el aislamiento, favorecer las relaciones sociales y facilitar el acceso al sistema educacional y al mercado laboral.

A ello hay que añadir una adecuada capacidad de aprendizaje como forma de integración y asimilación. Como alternativa ante las dificultades de comunicación la capacidad de expresión artística y la creatividad.

- identidad étnica positiva

Entendida como una actitud personal, positiva y de apego a un grupo con el que la persona cree que comparte características socioculturales y lingüísticas (Giles y Coupland 1991 y Páez 2000). Se ha visto que las personas que tienen una valoración positiva de su identidad étnica manejan menores niveles de estrés en el proceso de adaptación. identidad que por otro lado va disminuyendo con la estancia en un país extranjero aún dentro de la misma generación siendo mínima en la segunda generación de inmigrantes siendo éstos los que tienen una mayor dificultad de adaptación debido a la falta de identificación tanto con la cultura de origen como con la de destino.

- conciencia o cohesión grupal:

El grupo ó familia, pueden ser un recurso no sólo para la toma de conciencia sino también de apoyo psicosocial, ya que es lugar donde se comparten los sentimientos y nace la solidaridad necesaria para el apoyo mutuo.  

Una herramienta clave a trabajar es la reconstrucción de la memoria, como posibilidad de brindar esa ubicación de la experiencia en la vida de las personas. Trabajar los referentes de vida y bienestar en las personas, su identidad individual y colectiva, que expresa el tejido social de las comunidades; permite mitigar el daño que se ha hecho, afirmando y potenciando los recursos positivos que hay allí.  

- Experiencia anterior de migración

A nivel general, ante una situación de crisis es útil retrotraerse a las experiencias que la persona haya tenido en el pasado en el afrontamiento de la adversidad y, así, poder extraer enfoques beneficiosos y perjudiciales de lo aprendido.

- Expectativas ajustadas, realistas

Una adecuada información y conocimiento de las posibilidades reales y de las exigencias a las que se va a tener que atender disminuyen las posibilidades de decepción y frustración que a su vez limitarían enormemente la adaptación del sujeto.

- humor.

Ayuda a enfrentar situaciones difíciles, a reducir las tensiones y a aceptar las propias limitaciones. El humor puede resultar especialmente útil ante aspectos incongruentes de una situación angustiante, incoherencias, situaciones extravagantes o ilógicas (Walsh, 2004). El humor está condicionado culturalmente y muchas personas inmigrantes pueden no sentirse comprendidas en su expresión del humor, situación que puede inhibir más su espontaneidad.


- Postura positiva y activa:

Un enfoque positivo es muy importante para la resiliencia. La perseverancia, el coraje, el aliento, la esperanza, el optimismo y el dominio activo son fundamentales a la hora de reunir la fuerza necesaria para soportar la adversidad y recuperarse de ella. Las personas resilientes ven la crisis como un desafío. Lo afrontan de forma activa, con las energías puestas en controlar el reto y salen fortalecidas gracias a ello (Walsh, 2004).

A este respecto, el papel del proyecto migratorio es fundamental, puesto que aglutina todas aquellas motivaciones, deseos, expectativas, sueños e ilusiones que han llevado a la persona a abandonar su casa y partir hacia un terreno desconocido. Este mismo proyecto es el que va a animar, dar fuerza y coraje para que la persona se enfrente a aquellas adversidades que encuentre.  

Para no perder esa capacidad es necesario contar con algunas experiencias de éxito, sobre todo vinculadas con las conductas de uno. Cuando la persona siente que sus acciones son fútiles y que nada de lo que haga va a cambiar su destino, deja de tener iniciativa y se vuelve desesperanzada.  

Ante estas situaciones críticas que parecen no tener fin, las personas resilientes toman la iniciativa de los acontecimientos problemáticos, aceptan lo que no pueden modificar e intentan controlar y dominar lo que está a su alcance. En relación con esta idea, las personas que salen triunfantes de estas situaciones saben que no pueden controlar el resultado pero sí el proceso de los hechos.  

También resulta de utilidad ser capacidad de contemplar varias y diversas posibilidades en relación con la resolución de un problema para poder tener más opciones en el manejo de la situación crítica siempre condicionado por las características de dicho problema. - apego seguro:

A partir de la relación temprana de apego con la madre o cuidador primario (seguro, ansioso-ambivalente o evasivo) se condiciona la red de relaciones que el individuo establece a lo largo de la vida con el otro. Una relación sólida y saludable se asocia con una alta probabilidad de crear vínculos sanos, confiados, estables y satisfactorios con otros que le ayudarán a sobreponerse ante situaciones críticas, mientras que un pobre apego parece estar asociado con problemas emocionales y conductuales a lo largo de la vida. En el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismos. La ruptura de contexto, los cambios en la estructura familiar o los contextos de violencia organizada son factores perturbadores del apego.  

En la inmigración tiene lugar una ruptura total del contexto, en la que los códigos y las referencias cambian no permitiéndonos dar un sentido a la vida que nos rodea y, en particular a las interacciones sociales, por lo que la situación se vuelve inmodificable (Barudy, 2005). La participación en terapias de grupo y el establecimiento de vínculos afectivos con otras personas, es a lo que Barudy se refiere con “retribalización”.

- Modelos de rol:

Ejemplos positivos de otras personas nos ayuda a trascender las limitaciones de nuestras situaciones, conforman un modelo de resiliencia y nos inspiran para tener fuerza y esperanza (Walsh, 2004). Así, es muy valioso el papel de la mediación intercultural y algunas asociaciones de inmigrantes con mayor trayectoria de asentamiento en el país de destino, capaces de dar explicación a ciertas situaciones, mediar en conflictos y aportar experiencias resolutivas o estrategias de afrontamiento propias.

- Reconciliación con el pasado:

La resiliencia y el crecimiento requieren que la persona se reconcilie con su pasado e incorpore esa comprensión significativa a su vida actual, sus esperanzas y sueños futuros.

Ello a su vez lleva implícito el dar significado a la experiencia de una situación crítica e integrarlo en un proyecto histórico y con él visualizar una nueva visión y finalidad a la propia vida.

Estrechamente ligado con lo anterior y la capacidad resiliente está el concepto del sentido de coherencia, elaborado por Aaron Antonovsky (1987). Se define como una orientación global que ve la vida como algo manejable, razonable y significativo. El sentido de coherencia pone su atención en la significación de lo vivido, incluyendo sentimientos existenciales de integración social y finalidad de la vida, en contraste con un sentido de alienación, falta de rumbo o estancamiento. (2)

- Buena relación con la familia de origen y mantenimiento de contacto:

Va a reducir sensiblemente los sentimientos de culpa que puede sentir una persona que ha dejado su contexto. Además, frente a la falta de apoyo social en el país de destino, los familiares pueden realizar esas tareas de aliento y contención emocional.

Una comunicación habitual, sana y veraz es fundamental para no crear falsas ilusiones en las personas que han quedado en el país de origen.

- Rituales:

La realización de rituales tiene un valor altamente terapéutico ya que, además de ayudar a elaborar las pérdidas y marcar transiciones, van a añadir un sentido de identidad, pertenencia y continuidad a la persona con vivencia de desarraigo.

- Estrategia de integración bicultural:

Mantienen aspectos de su cultura de origen junto a aspectos de la cultura del nuevo país, viven el proceso de aculturación con mucho menor estrés que aquellas personas que se asimilan o que deciden rechazar la nueva cultura por completo.

b. A nivel familiar

- Capacidad de vincularse o apego:

La capacidad de vínculo, de establecer relaciones cálidas y afectuosas, así como de ser empático, la inteligencia emocional entre padres e hijos y las competencias educativas, de al menos uno de los padres, constituyen experiencias de base para la resiliencia (Barudy, 2005). La existencia de un vínculo sano y fuerte entre padres e hijos ayudará a superar los problemas relacionales que pudieran sufrir durante la migración ante momentos de aumento de tensión, igualmente será de ayuda en los casos en que los hijos queden en el país de origen separados de la figura de protección.

- Capacidad empática y de contención psíquica de los hijos:

Factor importante para la experiencia familiar de resiliencia es el mantenimiento de las funciones parentales como continente psíquico para los hijos, a pesar de la ruptura de contexto y del desbordamiento al que los padres están sometidos. Inicialmente el apoyo de la propia familia será el elemento más fortalecedor y la base que permitirá una apertura posterior al nuevo entorno.

- Calidad de la relación de pareja:

Una relación de pareja armoniosa y de confianza permitirá tolerar mejor la tensión del nuevo proyecto.

- identidad familiar:

La cohesión e integridad familiar hace crecer la confianza en la propia capacidad de superar las dificultades.

- Sistema de creencias flexible y abierto:

Las creencias constituyen la esencia de nuestra identidad, de nuestro modo de comprender el mundo y dar sentido a nuestra experiencia. En el sistema de creencias conviven los valores, las actitudes, las convicciones, las tendencias y los supuestos que guían nuestras acciones.  

Las creencias facilitadoras aumentan la cantidad de opciones para la resolución de problemas, sanación y crecimiento (Walsh, 2004).

Las creencias compartidas de las familias están ancladas en valores culturales, su posición y experiencias en el mundo social. El sistema de creencias, y por lo tanto su nicho ecológico, va a influir también en la manera en la que la familia percibe la situación de crisis.

Un sistema de creencias familiar abierto a diferentes puntos de vista, percepciones, valores y estilos de vida les ayudará a convivir mejor con las otras realidades y formas de vida del país de destino. Igualmente les será de gran utilidad ante la disyuntiva de unos hijos que se encuentren entre asimilar la nueva cultura o permanecer fieles a sus orígenes. La biculturización familiar favorecerá un clima dialogante y armonioso. (4)

Igualmente las reglas de dinámica que mantienen la integridad familiar y explican determinados comportamientos en el proceso de adaptación han de ser capaces de compatibilizarse con las normas sociales del nuevo entorno evitando el enfrentamiento y la violencia interna y logrando un equilibrio que respete tanto a los nuevos valores como la identidad étnica y familiar.

A su vez ello condiciona la aparición de modelos familiares más flexibles, más fragmentados pero a su vez más apoyadas en el concepto interaccional que en el estructural.

- Aceptación del paso del tiempo y del ciclo Vital:

Las familias funcionales tienen una concepción evolutiva del tiempo y del devenir, como un proceso de continuo crecimiento y de cambio que progresa a lo largo del ciclo vital y generación tras generación (Walsh, 2004). ciclo vital que va a estar condicionado por variaciones culturales en la duración de los diferentes estadios, la formas y significado de transición, los desafíos, las tareas y los rituales (Falicov 1997). (1)

-Fusión, intimidad y armonía:

El esfuerzo conjunto es uno de los procesos más importantes para combatir las crisis, es una dinámica en la que cada individuo se diferencia e identifica respecto del grupo o del otro según sus influencias culturales (latinoamericano) o vínculo (madre-hijo) condicionando la adaptación de forma más o menos adecuada en función de la fase del proceso en que se consideren.

- Liderazgo igualitario:

El liderazgo democrático e igualitario ejercido por padre y madre tiene mayor capacidad de afrontar las crisis y salir fortalecidas de ellas (incorporación de la mujer inmigrante al mercado de trabajo, la aportación a la economía familiar e incluso la conversión en cabeza de familia por ser la única sustentadora familiar con su sueldo fijo).

- Rituales, mitos y leyendas:

Los sucesos disruptivos generan una crisis de significado y una ruptura potencial de la integridad personal. Esa tensión da lugar a la construcción o reorganización de nuestra historia vital y nuestras creencias, vivencias que al ser revisadas nos permiten mantener un sentido de coherencia e integridad (Walsh 2004). La transmisión multigeneracional de mitos y leyendas responde a la necesidad de valores perdurables, estabilidad y continuidad. Los relatos y los rituales son de especial relevancia para las familias migrantes recientes, cuyos miembros sometidos a la presión de asimilación pueden perder fácilmente su sentido de identidad, comunidad y orgullo (Falicov, 1997).

Facilitar espacios públicos para que las personas y familias inmigrantes puedan juntarse a realizar sus reuniones, rituales y fiestas favorece el sentimiento de identidad y continuidad del colectivo y por lo tanto la resiliencia también a nivel grupal. (3)

De otro lado la elaboración de las pérdidas se ve favorecida con la realización de rituales tradicionales propios de cada cultura (velatorios, entierros, misas, celebración de aniversarios, reconocimiento de los desaparecidos) y facilita la dignificación de los desplazados. Estas conmemoraciones colectivas no sólo tienen esas funciones sociales relativas al proceso de duelo, también son funcionales para la salud, especialmente la salud física, la posibilidad de celebrarlos hace que la gente pueda expresar sus emociones y se encuentre menos bloqueada. En algunas culturas, el ritual colectivo tiene un significado alrededor de la solidaridad y el soporte social frente a los hechos traumáticos.


c. A nivel social

- Tutor de resiliencia:

Las posibilidades de resiliencia se aumentan si se puede contar con una persona significativa, con modelos de expertos en la mediación intercultural o asociaciones de inmigrantes, de apoyo al colectivo u ONGs puede ser una salida para la persona inmigrante recién llegada que necesita atención, apoyo social y fuentes que alienten su motivación para la superación del choque inicial. Barudy le llamó tejido social de pertenencia transicional.  

Aquí cabe hablar el importante apoyo que supone a su vez la existencia de políticas interculturales, de inmigración y de apoyo al colectivo por parte de las instituciones públicas de la sociedad de acogida con la puesta en marcha de dispositivos, iniciativas y recursos de apoyo (salud, laboral, documentación, inmobiliaria, prevención de violencia, identificación de situaciones y grupos de riesgo etc. ) Igualmente la puesta en marcha de programas de sensibilización social que favorezcan las relaciones interculturales y la comunicación entre personas de diferentes orígenes. ello contribuye no sólo a la restauración de la dignidad del grupo migrado y a la percepción de protección y seguridad desde el estado receptor sino al enriquecimiento de ambas culturas.

- identidad social y cultural:

Una identidad social y cultural segura tienen actitudes más favorables hacia otros grupos diferentes tanto si hablamos del grupo desplazado como de la sociedad receptora. Aquí tiene un importante peso el valor de la memoria histórica de cada grupo.

- Existencia de una comunidad de inmigrantes estructurada y cohesionada:

Es entendida como una variable de protección ante el estrés vivido en la adaptación transcultural manteniendo los lazos étnicos y características de la propia cultura. Sin olvidar que cuando estas comunidades dejan de ser minorías pueden provocar el recelo, discriminación y rechazo de la sociedad receptora dificultando la integración.

- actitud abierta de la sociedad de acogida:

El respeto a la diferencia e igualdad de derechos son las condiciones ideales para la adaptación transcultural. En ese sentido una mayor similitud cultural facilita la adaptación. Infraestructura específica a nivel jurídico, administrativo y asistencial sanitario (unidades de atención de refugiados o de damnificados en catástrofes).


2. factores de riesgo para la resiliencia

a. A nivel individual

- Edad:

En los niños y adolescentes la exposición a conflictos, desplazamientos y desarraigos, sobre todo si son prolongados y carentes de apoyos compensadores contribuye a situaciones de aislamiento social, distorsión y dificultad en la comunicación, sensación de inseguridad, desconfianza, problemas en la expresión de emociones y desarrollo de habilidades sociales, sentimiento de abandono y problemas de identidad. ello se refleja en los casos más graves en conductas autoritarias, agresivas, racistas y marginales (empobrecidas, sin acceso a educación ni recursos de salud) legitimadas por la propia experiencia y llamativamente desadaptativas. (1)

A esto habría que sumar una vulnerabilidad especial por las limitaciones en la elaboración de la experiencia traumática que facilita la aparición de procesos mentales patológicos con frecuencia difíciles de detectar por lo solapado o inespecífico de su expresión sintomática. Especial consideración requiere en un sentido similar los grupos de ancianos.

- No cobertura de necesidades básicas:

Coloca a la persona en una situación de cataclismo y de extrema vulnerabilidad personal y social y dificulta que la persona se reponga con cierta facilidad de esta situación de estrés. Es uno de los factores que más contribuye inicialmente a las desestructuraciones a nivel grupal y familiar, descuidándose vínculos en pro de necesidades primarias.

- Respuesta ante la crisis:

Sentimientos de estupor, indiferencia y abatimiento son adaptativos frente a una situación de estrés porque protegen al individuo del sufrimiento, obstaculizan también el proceso de resiliencia.

Aquí hay que señalar la necesidad de prestar especial interés a grupo más vulnerables a mostrar respuestas desadaptativas: ancianos, discapacitados, enfermos mentales, alcohólicos y toxicómanos, …

-Factores de estrés:

La experiencia migratoria se caracteriza por ser una de las experiencias más estresantes en la vida de una persona, con múltiples estresores presentes al mismo tiempo o consecutivos con efecto acumulativo (pérdidas, separaciones, riesgos del viaje, precariedad, hacinamientos, discriminación, aislamiento) , muchos de ellos de alta intensidad (límites como movilizaciones forzadas por violencia, violaciones o amenazas, carencia de recursos económicos, falta de cobertura de necesidades básicas, soledad, incomunicación ) y afección emocional (miedo, inseguridad, desconfianza, indefensión, etc. ) , duraderos en el tiempo ( pudiendo tardar años en estabilizarse e integrarse totalmente con la consiguiente percepción de estrés mantenido), con ausencia de control por parte del individuo y vivencia de inestabilidad y de desbordamiento.

Cuando la vivencia estresante tiene antecedentes previos de trauma, la situación evoluciona aún de forma más tórpida y se considera de mayor riesgo.

- Voluntariedad o no de la migración:

Las repercusiones psicológicas de las migraciones forzadas conllevan mayor dificultad que las migraciones realizadas de forma voluntaria. Más aún si las situaciones que han forzado el desplazamiento han sido de extrema dureza como guerras, violaciones, amenazas, torturas, masacres y han provocado una ruptura del proyecto vital abrupta. Otras situaciones aparentemente menos forzadas, como aquellas que tienen un motivo económico también pueden resultar traumáticas al suponer la necesidad de sufrir el desarraigo, la pérdida o la soledad para poder vivir de forma digna o poder ofrecer a los seres queridos mejores posibilidades.

Un aspecto que en ocasiones se plantea es el del posible retorno, bien como opción o como imposibilidad con las respectivas implicaciones de reexposición a la amenaza y afrontamiento de nuevos proyectos vitales.

- Racismo: 

Como fenómeno emergente cada vez con una preocupante mayor aceptación a nivel social y política que genera intenso miedo vital, limitando la actividad integradora, generando reductos marginales y provocando respuestas violentas.

- Falta de perspectiva a futuro, indefensión, decepción vital:

La evaluación de un suceso estresante y de los recursos disponibles para afrontar ese desafío tiene gran influencia sobre nuestra respuesta. Los sucesos de la vida nos afligen más cuando sentimos que no ejercemos ningún control sobre ellos o cuando suponen una gran amenaza a la auto comprensión actual y al sentido de la vida (Lazarus y Folkman, 1984, Cohler, 1987 citado en Walsh, 2004). Con frecuencia el inmigrante sufre un cúmulo de experiencias negativas, frustrantes, generadoras de impotencia que favorecen la acumulación de estrés y la percepción de falta de control sobre su propia vida.  

En ciertas situaciones esta respuesta más o menos entendible desde la perspectiva psicológica se ve salpicada de la influencia de creencias culturales de tono mágico o religioso (vudú, brujería, maldiciones, castigos divinos, etc. ) complicando el proceso adaptativo al limitar la capacidad de intervención humana. Otras veces la vivencia de discriminación y rechazo es el refugio perfecto para posturas más pasivas.

- Situación de irregularidad documental:

La residencia clandestina en el país de destino no sólo va a suponer que la integración social (laboral, obtención de vivienda, acceso a recursos de salud y educacionales, etc. )sea mucho más difícil de conseguir. Además repercute en la tendencia al aislamiento y al ocultamiento, imposibilita el intercambio emocional y recrea la experiencia temerosa y desconfiada.

Esta situación a su vez propicia el abuso, la explotación y la marginalidad.

Más difícil es aún cuando esa situación de ilegalidad impide el poder regresar al país de origen sobre todo cuando se plantean situaciones familiares críticas de enfermedades, fallecimientos o separaciones de hijos menores limitando el flujo de apoyo y generando sentimientos de tristeza, angustia y culpa. - Expectativas irrealistas del proyecto migratorio:

Es común que la propia motivación que genera el desplazamiento origine expectativas distorsionadas por la ilusión de conseguir una vida mejor. Sin embargo esos proyectos suelen llevar añadidos compromisos vitales que atan al ser humano a situaciones de crisis, insatisfactorias o excesivamente sacrificadas que tienen un alto coste no sólo a nivel personal sino también a nivel de estabilidad familiar, de pareja, social, etc. A veces ese proyecto culmina con el fracaso con la consiguiente decepción vital y el sumatorio de una nueva pérdida más, la de “la propia vida” al sentir que se ha renunciado gratuitamente a cuanto se tenía en el lugar de origen para no conseguir nada en el lugar de destino.


- Incapacidad de resolución de problemas y de comunicación:

La falta de experiencia, el desconocimiento de la dinámica de funcionamiento del nuevo país y las barreras idiomáticas limitan las posibilidades de abordaje del problema y en consecuencia la posible resolución del mismo.

- Mecanismos de defensa ineficaces:

Si bien en fases iniciales pueden ser adaptativos de prolongarse en el tiempo se convierten en negativos al distorsionar la percepción de la propia realidad en la cual se encuentran inmersos y así dificultar su integración.

Algunos desde el primer momento son generadores de desadaptación como las respuestas histeriformes, delirantes o violentas.

- sentimiento de pérdida:

El desvinculamiento de la propia cultura, implica la pérdida de un estatus previo, del rol representado, de las posesiones y de las relaciones sociales y familiares. Este sentimiento es aún más arraigado en los refugiados que sufren el exilio o el rechazo de su propio país de origen.

- síndrome de Ulises:

Como ejemplo de situaciones en que se vulnera uno de los recursos más importantes de estos colectivos, su propia salud ( Domic 2004), bien a nivel físico como a nivel psíquico. (5)

Situaciones que se complican cuando la posibilidad de acceso a recursos de salud están limitadas o bloqueadas en su totalidad o bien cuando a pesar del acceso el afectado se siente incomprendido por las dificultades idiomáticas, por las peculiaridades de su sintomatología o por lo íntimo de su vivencia.

En ocasiones estos cuadros sobrepasan lo puramente reactivo y se desarrollan cuadros más graves como depresiones mayores, síndrome de estrés postraumático, episodios psicóticos, etc. O se complican al contactar con el mundo del alcohol y las drogas.

b. A nivel familiar

- Capacidades parentales disfuncionales:

Las capacidades parentales se refieren a las capacidades que tienen los padres para cuidar, proteger y educar a sus hijos asegurándoles un desarrollo sano. Estas capacidades son dinámicas y evolucionan en función del ciclo vital y de los elementos contextuales bien negativos o positivos (Barudy 2005). En ocasiones con motivo de la sobrecarga de estrés y preocupación por las dificultades encontradas en la migración los padres desatienden esas funciones (quizás por ocuparse en resolver necesidades más básicos) o limitan las expresiones de afecto y cariño desbordados por su propia experiencia. En los casos más favorables esa función es ejercida por familiares o amigos limitándose el establecimiento de un vínculo básico con el cuidador primario. En otros aparecen entonces síntomas indicativos de desajuste infantil como respuesta a esa falta de atención (fracaso escolar, conductas violentas o desorganizadas, actitudes regresivas) o bien la adopción por parte de alguno de los hijos del rol parental.

En los casos en los que coincide un trastorno del apego, con falta de empatía y en un contexto estresante, aumenta el riesgo de maltrato infantil o incluso de maltrato a los padres al no reconocer a la figura de autoridad ni las dinámicas normativas impuestas por ésta.

Otras veces la situación llega a ser extrema y provoca rupturas de pareja, desmembramiento familiar y a veces cesión o pérdida de guardas o custodias de los menores a favor de recursos institucionales o comunitarios.

- Ruptura de las rutinas diarias: cambio continuo

La estabilidad estructural debe estar contrabalanceada con la aptitud de adaptación a las circunstancias cambiantes y a los imprevistos del ciclo vital, en especial como respuesta a las crisis. A pesar de ello en procesos migratorios la inestabilidad prolongada (cambios de colegio, domicilio, amistades, horarios, etc. ) se convierte en un factor altamente desadaptativo generador de tensiones y conflictos.

- comunicación distorsionada/ limitada: 

Muchos de los proyectos migratorios son de carácter familiar más que individual, la persona elegida para partir es un miembro significativo, quien más posibilidades de éxito tiene en el lejano país. Las expectativas familiares, la deuda contraída, la concepción social de emigrante como pudiente y rico en la sociedad de origen y la necesidad de confirmación personal, el inmigrante distorsiona la comunicación con el país de origen eludiendo aquellos pasajes traumáticos de su experiencia migratoria para no defraudar o para no preocupar a los suyos. Queda así anulado un canal de evasión al compartir el sufrimiento y tener la posibilidad de recibir apoyo y sentirse confortado. Este aislamiento va a generar al mantenerse en el tiempo tanto un distanciamiento afectivo con sensación de extrañeza o de desconocimiento respecto a los propios como la búsqueda de nuevos vínculos afectivos que no rara vez se mantienen en paralelo o con una implicación falta de compromiso dando pie a situaciones trágicas de engaño, mentira, abandono, traición y culpabilización.

- Falta de intimidad:

El hacinamiento de las familias inmigrantes resta intimidad física y emocional a la pareja y al núcleo familiar dando pie al enfriamiento afectivo, a la falta de comunicación, a la trascendencia de asuntos y conflictos personales aumentando así la situación de estrés. Se propicia de otro lado la intromisión de menores en la vida conyugal con la consiguiente repercusión sobre su desarrollo.  

- Reagrupación familiar:

Los intentos de reunificación suelen acarrear nuevos problemas: hijos que no reconocen en sus padres figuras de autoridad y no aceptan las normas buscando el apoyo en los iguales ( siendo los más problemáticos los chicos adolescentes), madres que se encuentran con hijos que les reprochan haber sido abandonados o discriminados negativamente , canales de comunicación distintos, formas disruptivas de demandar atención ( agresiones, trastornos alimenticios, consumo de drogas), enfrentamientos entre los hijos y las nuevas parejas de sus padres con los que en ocasiones se ven obligados a compartir habitación o por los que en los casos más graves son abusados física o sexualmente, demandas de devolución de expectativas quizás fracasadas, ajustes económicos, pérdida de calidad de vida, reajuste de roles, fragmentación en subgrupos, conflictos de intereses, … (5)


c. A nivel social

- aislamiento y falta de apoyo social: 

La ausencia total de relaciones significativas de contención emocional para el sujeto, así como las dificultades para establecer nuevas relaciones por las diferencias culturales e idiomáticas y los estereotipos sociales, hacen que la persona se encuentre desvalida para enfrentarse a los acontecimientos estresantes y reponerse con éxito.

El inmigrante se enfrenta a la anomia, a no ser nadie, a no tener un nombre al no participar en la vida comunitaria ni social.

Aumentan la posibilidad de disfunciones psicológicas e incluso trastornos mentales serios. Sin olvidar el mayor riesgo de refugiarse en el consumo de alcohol y dro

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