La conducta violenta a pesar de no constituir una enfermedad donde el elemento etioló-gico-biológico desarrolle un papel fundamental, es en sentido social un problema de salud dada la magnitud del daño, invalidez y muerte que provoca. Su manifestación esencial y más letal es la agresividad, que surge sede la especie como mecanismo de supervivencia, que se ha trasmitido con la herencia antropológica y adaptado a las particularidades de cada sociedad que l