La población anciana está creciendo de forma importante en los últimos tiempos. Es necesario una adecuada atención de sus trastornos psiquiátricos, de manera que la utilización de los recursos disponibles sea la correcta. Los principales problemas del trastorno de ansiedad generalizada (TAG) han sido la dificultad diagnóstica derivada de la variación de los criterios diagnósticos a lo largo del tiempo y, sobre todo, la concepción de constituir una categoría nosológica residual que ha prevalecido entre los clínicos. El TAG es el trastorno de ansiedad que se observa con más frecuencia en atención Primaria y el segundo trastorno psiquiátrico más común después de la depresión.Se trata de un trastorno crónico, frecuente e incapacitante, que se caracteriza por preocupaciones permanentes y generalizadas. Aunque es un trastorno psiquiátrico se presenta en numerosas ocasiones con síntomas somáticos como: dolor muscular, cefalea, insomnio y fatiga. Es frecuente su comorbilidad tanto con otros trastornos emocionales (de ansiedad y/o depresión) como con enfermedades somáticas. La elevada comorbilidad resulta muy relevante en la población anciana, donde se observa un infradiagnóstico, entre otras razones, por atribuir parte de la sintomatología del TAG a la enfermedad física. En los últimos años se están produciendo grandes adelantos en el tratamiento del TAG. Por un lado, las benzodiacepinas, tradicionalmente utilizadas a pesar del riesgo de efectos secundarios de especial importancia en mayores de 65 años, están siendo cada vez más desplazadas por los nuevos antidepresivos en el tratamiento del TAG. Por otra parte, en el momento actual no existe duda de la utilidad de la terapia cognitivo-conductual en el tratamiento de este trastorno (Ballenger, 2001).