Entre un 8 y un 10 por ciento e la población infantil sufre depresión. El porcentaje medio de la depresión infantil es de un 2% para la depresión mayor, un 6% para el trastorno distímico y un 1% en el caso del trastorno bipolar. La depresión es más frecuente en las niñas, sobre todo a partir de la pubertad, y varía con la edad, aumentando con ésta. Estos porcentajes se incrementan en la adolescencia hasta el 15% porque la capacidad de percepción del niño evoluciona con la edad. La depresión es un factor de riesgo para intento o suicidio consumado en niños y adolescentes. Las conductas autolíticas suponen la cuarta causa de muerte entre adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años en nuestro país. La intención oscila desde la determinación de acabar con la propia vida hasta el deseo de escapar de una situación angustiosa o modificar un entorno opresivo. La personalidad y el desarrollo cognitivo del adolescente, el concepto de muerte y los recursos de afrontamiento son diferentes al del adulto por lo que es necesario desarrollar habilidades suficientes para identificar los síntomas de distress indicativos de este tipo de patología y ofrecer los recursos terapéuticos apropiados.